El timo de los «limpiaparabrisas de los semáforos» llega a la ciudad

ALBERTO MAHÍA A CORUÑA

A CORUÑA

La falta de recursos alimenta la astucia. Convertir un céntimo de euro en un euro entero es cuestión de habilidad y rapidez. Esta cualidad tiene un nombre: el timo de los limpiaparabrisas de semáforos, que abandonó las grandes capitales, como Madrid, Barcelona o Valencia, y se asentó con éxito en Galicia. Algunos de los chicos y chicas que todos los días se colocan en varios semáforos de la ciudad con una escobilla, dispuestos, guste o no, a limpiar el parabrisas a los automóviles que por allí pasan, tienen un don en la mano, capaz de multiplicar los donativos por dos. Todo se basa en un juego de manos. Una vez pasada la escobilla, esperan a que el conductor baje la ventanilla, momento en el que ellos introducen el brazo en el coche. Cuando el automovilista les deposita en la palma de la mano la moneda, ellos dejan caer un céntimo, que llevan oculto entre los dedos, en el interior del vehículo. Similar al juego infantil que consiste en sacar monedas de las orejas. El semáforo, a punto de ponerse en verde, se suma a los nervios del conductor al no encontrar la moneda que cayó bajo su asiento. Es el momento en el que el joven ofrece una solución: «Déme otra moneda, ya recogerá la que cayó cuando llegue a casa». La mayoría pica. Casi todos vuelven a meter la mano en el bolsillo y le dan otro euro al prestidigitador. El aprendiz de David Cooperfield se hizo con dos monedas de un euro y el conductor está convencido de que sólo le dio una. Grandes beneficios La operación la repiten siempre. No perdonan. Es un timo de poca monta. Un euro no arruina a nadie. Pero puede suponer grandes beneficios para el que lo ejecuta. Si la operación se resuelve con éxito veinte veces, en lugar de veinte euros (3.328 pesetas), el joven tendrá cuarenta.