«Fui un loquiño con la cámara»

GUILLERMO PARDO

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

Alberto Martí Villardefrancos, fotógrafo autor de «Momentos coruñeses» Alberto Martí lleva el mundo impreso en su índice derecho y A Coruña en el corazón. Apasionado de la fotografía y de su ciudad, puede presumir de poseer un archivo fotográfico único reunido a fuerza de tesón durante casi setenta años de intensa e incansable labor. Muestra de ello es un delicioso álbum recopilatorio titulado «Momentos coruñeses», que acaba de ver la luz y en el que resume, en más de 300 instantáneas, la vida y el alma de una Coruña que él, a sus casi 80 años, contribuye a inmortalizar.

15 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El niño Alberto comenzó a familiarizarse con la fotografía con sólo 12 años, de la mano de Ángel Blanco, y desde entonces no ha dejado de ver el mundo a través del objetivo de una cámara, que empezaría a manejar con 14. Su fotográfica memoria le permite recordar su primera foto, una toma de las galerías de la Marina por la que cobró noventa céntimos. -Tiene usted una memoria prodigiosa... -Cuando empecé en Foto Blanco había en la calle Real más de cien comercios, de los que quedan alrededor de media docena: Varadé, Colón, Malde, El Bazar de Pepe y Foto Blanco. Los demás se fueron con sus dueños y descendientes. -De tal memoria, tal archivo. Porque usted lo guarda todo, conserva miles de negativos. -No hay ningún archivo como el mío. En mi estudio hay unos diez millones de negativos, incluidos algunos de cristal de Pedro Ferrer, cedidos por uno de sus hijos. -Y de este fondo histórico ha salido «Momentos coruñeses», su última recopilación. -En efecto. Fue gracias a Javier Hernández, gerente de Foto Blanco, y al escritor y poeta Xavier Seoane, que me animaron a emprender este laborioso trabajo. Hacemos buen equipo, pues yo soy el único que conoce a cada persona que aparece en los negativos. -Ha publicado ya varios catálogos sobre A Coruña, ¿por qué ese interés por la ciudad? -Me parece la mejor forma de dar a conocer el archivo, de modo que todos los coruñeses puedan acceder a este impresionante testimonio gráfico. -Y el coruñés es muy agradecido... -Cierto, le interesan las cosas de su ciudad y muchos se reconocen en las fotos, que, además, le permiten seguir el desarrollo de A Coruña en el tiempo. Gracias a Paco Vázquez ha experimentado una transformación impresionante. Dilo así, para que conste. -En su estudio hay miles de cajas con referencias numéricas, pero también muchas otras repletas de material sin identificar. -En eso trabajo cada día. Quedan aún miles de negativos sin fechar, y más que habría si no hubiésemos tenido que tirar toneladas de material perdido a causa de una inundación en Blanco de la calle Real. -¿Y qué pasará con el archivo cuando usted no pueda ocuparse de él? -No lo sé, mi familia decidirá. -¿Su foto preferida? -Hay varias, pero especialmente la del viejo comiendo en la Cocina Económica. -¿Qué ve cuando mira a través del objetivo? -Lo que quiero. Me fijo mucho y elimino lo que estorba. A veces se tardan horas, y días, en hacer la foto deseada. -¿Su peor momento como profesional? -Todos fueron buenos, aunque un accidente de tráfico me obligó a tomar decisiones. No podía dedicarme al negocio fotográfico y al mismo tiempo trabajar al ritmo que requiere un periódico. -Porque usted se dedicó también al fotoperiodismo... -Estuve unos cincuenta años vinculado a La Voz de Galicia. Comencé a colaborar cuando Alejandro Barreiro era el director. -Etapa fructífera, por cierto... -¡Y tanto! Hice reportajes que dieron la vuelta al mundo, como el del accidente del Galveston, un avión que se estrelló en el mar durante una travesía atlántica y fue recuperado por unos pesqueros que lo trajeron al puerto coruñés. Aquella foto se publicó en The New York Times. O aquel otro sobre el cachalote que pescó Franco desde el Azor. -¿Qué le gustaría fotografiar y no ha podido? -Viajé muchísimo e hice muchísimas fotos. No echo nada en falta.