Las lágrimas de San Pedro

Luís Pousa Rodríguez
LUIS POUSA A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

La mala calidad de la piedra «llorona» del monte obligó a construir los cimientos de María Pita con granito de Vigo La piedra llora en A Coruña. Los clásicos de la ciudad hace tiempo que apodan como «chorón» al mineral que adorna las fachadas. «El granito de la cantera de San Pedro es de muy mala calidad», sentencian los expertos. Buena parte de los grandes edificios históricos -apunta un arquitecto- padecen este mal, que se manifiesta con lágrimas de humedad y una erosión galopante derivada de la contaminación y el efecto de las sales en las grietas. Pero no todo está perdido. Un reducto del coruñesismo está a salvo de pedradas. Los cimientos del palacio de María Pita se construyeron con el buen granito de Vigo.

13 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«Toda esta fachada se construirá con piedra granítica de las canteras de Vigo, único material para la construcción de edificios de esta índole, y el escudo y las cuatro estatuas serán de piedra blanca de Novelda». Así soñaba, en 1901, el arquitecto Pedro Mariño su diseño para las casas consistoriales de A Coruña. Pero el vil metal se cruzó en su camino y sólo una parte del palacio se armó con el granito de las canteras de Ulló (Ponte San Paio, Vigo). Xosé Fernández, profesor de Composición Arquitectónica y autor del estudio Historia del Ayuntamiento de La Coruña, matiza que, finalmente, sólo los cimientos se construyeron con ese preciado material. «Fue una decisión del constructor, porque así la estructura era más resistente. El resto del edificio se levantó con granito de las canteras locales y con piedra de Novelda para las esculturas que adornan la fachada», señala Fernández, que atribuye a las «lógicas razones económicas» la elección del granito de San Pedro. De ese filón también se extrajeron las rocas con las que se construyeron los templos de Santo Domingo, San Jorge o las Capuchinas. El arquitecto Andrés Fernández-Albalat pudo comprobar la degradación que sufre esta piedra durante las restauraciones de las dos primeras iglesias y ahora afronta, en el convento de la calle Panaderas, su tercer combate contra la erosión. «No es buena piedra, pero en el caso de las Capuchinas el arquitecto Casas Novoa, autor también de la fachada del Obradoiro, tuvo que aceptarla porque se trataba de un regalo», aclara Albalat.