Pasarela Domus

PACHO RODRÍGUEZ A CORUÑA

A CORUÑA

Los niños que cumplen las medidas en el módulo de crecimiento ganan un premio

17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La pasarela Domus no tiene nada que ver con las suculentas medidas que se exigen a las top model. Aquí, Naomi Campbell se quedaba sin regalo. Lo que se pide es 1,10 metros de alto, 21 kilogramos y un brazo de 40 centímetros de longitud. La experiencia confirma que en la Casa del Hombre los cánones de belleza responden a las características de un niño de unos cinco años. Unos se quedan a un bocata del peso ideal, y otros, en imparable crecimiento, superan en diez centímetros la marca. Tomemos medidas. A la puerta, al niño ideal de la Domus le espera un puzzle. «Lucía, te tenía que haber dado el bocata de la merienda antes de entrar». Lucía Albendriz, de 5 años, le debe doscientos gramos a los 21 kilogramos de peso. Casi cumple el requisito. Su madre se lo dice. Tras las deliberaciones del benévolo jurado hay regalo para Lucía. Mientras, la niña se entera de que mide 1,10 de alto y que su brazo alcanza los 40 centímetros de longitud. Y es que, además del premio, la cuestión es fomentar el hábito de registrar los datos que varían en el cuerpo humano a lo largo de su existencia. Este ejercicio parece que resulta bastante atractivo para los pequeños que hacen cola y quieren medirse. Aunque no saben si será bueno estirarse o encogerse para conquistar el regalo educativo. Dos hermanos compiten ajenos al premio. «Y yo más», dice uno, «y yo menos», dice Eva. La madre, media y aclara que no, «que los dos medís lo mismo». Empate técnico. Experiencias A Pablo López Álvarez lo que le pasa es que ya es muy alto para su edad. Cosa de los padres. Todo está en los genes. Y en la Casa de Hombre, con más razón. El niño, con 1 metro y 18 centímetros, se pasa de la raya y cualquiera pide el regalo con un palmo por encima de lo que manda este reglamento del crecer sano. La experiencia sirve, además, para adquirir la costumbre de controlar la variación de datos que registra el cuerpo humano. Este hábito, según se explica en el museo científico, se convertirá en un medidor sanitario para prevenir enfermedades. Y se completa en el cuidado de los datos sanguíneos como forma de combatir de manera efectiva enfermedades y alergias. Un objetivo que la historia ya demostró como posible. Y que se manifestó en la prevención y erradicación de dolencias como la viruela.