JULIÁN CARRILLO MÚSICA
17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La gran ductilidad de la Sinfónica de Galicia es quizás la más destacada entre las muchas cualidades que la ponen a la cabeza de las orquestas de España. Tocar Bach sin vibrato, pero pleno de vibración expresiva y perfecta afinación, con una utilización de arco, fraseo, dinámica y timbre tan auténticamente bachianos como los del viernes; y todo ello utilizando en su práctica totalidad instrumentos actuales, no está al alcance de la mayoría de las orquestas. Ni de los directores, salvo talentos como Ton Koopman, quien supo pasar sin solución de continuidad de la cantata de Bach al romanticismo de Mendelssohn y Schubert, con total expresividad y fidelidad estilística. Movimientos En la sinfonía, la grandiosidad de sus movimientos extremos, los corales de los vientos, la frescura del Scherzo y la íntima y serena melancolía del Andante fueron reflejados con una perfecta matización de la intensidad, por el maestro holandés, al que los músicos dedicaron sus mejores y bien merecidos aplausos al final del concierto. La voz de Klaus Mertens es más de barítono lírico que de bajo. Sus arias y recitativos en Bach así lo acusaron. La creciente emoción provocada por su interpretación de las canciones de Schubert lo acreditan como un excelente liederista. Su expresión en las dos últimas palabras del verso final de El Rey de los Elfos, -In seinen Armen das Kind war tot («en sus brazos el niño estaba muerto»)- justifica por sí misma el extraño orden del programa. Orquesta Sinfónica de Galicia. Klaus Mertens barítono-bajo. Ton Koopman, director. J. S. Bach, «Ich habe genug». Felix Mendelssohn: «Sinfonía nº 5 en Re Mayor» y «Obertura de La bella Melusina». F. Schubert, «Lieder para bajo y orquesta». Palacio de la Ópera.