El Salón de la Joyería Gallega cerró ayer sus puertas en la Estación Marítima Las alhajas volvieron a sus cofres. Tras cuatro días deslumbrando en la Estación Marítima, los espléndidos muestrarios del Salón de la Joyería Gallega regresaron a la sombra del terciopelo estuchado. El certamen, organizado por el Grupo Plaza Galicia Joyas, cerró ayer sus puertas a profesionales y visitantes. La décimocuarta edición de la feria se despidió con un balance a la altura de las expectativas: la orfebrería gallega consolida su imagen con quilates de prestigio.
29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Para Juan Manuel Candame, presidente del Grupo Plaza Galicia Joyas, el salón gallego ha revalidado, en su décimocuarta edición, el prestigio que lo sitúa como cita fija para el sector. «Es un salón pequeño pero de gran poder de convocatoria -señaló-; lo han visitado responsables de Iberjoya y Barnajoya y han quedado gratamente sorprendidos». En la tarde de ayer, y con las puertas todavía entornadas, la organización aún no había cerrado las cifras oficiales de visitantes. «Han sido muchos y muchos de fuera», se felicitaba Candame, quien acompañó en sus recorridos a destacados profesionales de Portugal, Asturias o Castilla-León. «Gente de mucha entidad», recalcó. A su juicio, el éxito del certamen gallego radica en su cuidada composición y la variedad de la oferta. «El abanico de posibilidades ha sido muy amplio -explicaba Candame-, desde artículos sencillos en plata hasta piezas exclusivas de alta joyería». El escaparate de tradición y vanguardia saboreaba ayer el éxito pensando en los preparativos para el 2002. «Llevamos catorce años consecutivos celebrando el salón y no podemos paralizarlo ahora», reiteró el presidente del Grupo Plaza, quien mantendrá una reunión con el alcalde para buscar una ubicación alternativa.