Un retén se mantuvo alerta hasta entrada la noche por si las llamas se reavivaban Varios camiones de bomberos descargaron más de 12.000 litros de agua para acabar con las llamas, según comunicó el jefe de bomberos, Carlos García Touriñán. Un retén se encargó de la vigilancia para evitar que se reavivara el fuego. En esta ocasión, el hecho de que se tratara de una parte baja de la ladera permitió el fácil acceso de los equipos contraincendios. Fuentes de los bomberos señalaron que ayer se dejó arder buena parte de los matorrales para acabar con las posibles zonas de combustión. El objetivo de esta medida es que la zona se regenere sin que la vegetación pueda convertirse de nuevo en pasto de las llamas.
10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los trabajos de los bomberos consistieron, en esta ocasión, en controlar el fuego pero dejando que ardiera la espesa vegetación de la zona. Las tareas se desarrollaron durante menos de dos horas. Posteriormente, los equipos contraincendios continuaron con la descarga de agua para evitar que se reprodujera el fuego. El terreno afectado por las llamas fue de unas cuatro hectáreas. Los propios vecinos de Los Rosales manifestaron el pasado domingo la necesidad de que se acondicionara este espacio, próximo al recuperado parque del monte de San Pedro. Dos unidades En esta ocasión, los residentes en viviendas de los barrios más próximos avisaron de que el fuego se había originado en las inmediaciones. Tras ser detectadao, se trasladaron hasta el lugar dos unidades completas que contaron con el apoyo de equipos de tierra del servicio contraincendios de la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta. Para garantizar la seguridad de los vecinos y realizar las tareas de vigilancia, un retén se mantuvo alerta hasta entrada la noche. Otra de las hipótesis barajadas por el incendio de ayer fue la posibilidad de que algún resto de matorral quedara enterrado cuando todavía ardía y, debido al fuerte viento, se pudo reavivar y extender por la ladera del monte de San Pedro. La lejanía de viviendas de los barrios de O Portiño y de Los Rosales del lugar en el que se encontraba declarado el incendio hizo que en ningún momento se temiera por la posible extensión de las llamas. Tras haberse apagado el fuego, la normalidad reinaba en la zona del monte de San Pedro y tan sólo un camión de bomberos vigiló la zona para, «sobre todo, mantener tranquilos a los vecinos», según informaron fuentes de los bomberos.