El perro «okupa»

LUCÍA TENREIRO A CORUÑA

A CORUÑA

CARLOS LAMAS

Un can abandonado permaneció tres días en una vivienda de Oza dos Ríos sin que nadie pudiese echarlo El molino «O Xurxo» de Oza dos Ríos fue el lugar elegido por un perro para resguardarse de la fuerte tormenta del pasado lunes. El animal, «enorme», según indicaron los dos hermanos que descubrieron al can en su vivienda, estuvo instalado en este molino durante más de 60 horas. «No se movía pero era muy grande e infundía respeto». Tras varios días viviendo en la casa, el nuevo inquilino fue trasladado ayer hasta una clínica veterinaria coruñesa, donde se repone de las heridas sufridas durante el «asalto».

31 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El miércoles, Aurita y José Vázquez Quintanilla llegaban a casa de una romería. Eran las dos de la madrugada y en la vivienda familiar -aparentemente- todo permanecía como de costumbre: el molino en la planta baja, los dormitorios, arriba. Subieron a las habitaciones, mas no pudieron conciliar el sueño: demasiados ruidos en el molino. Los dos hermanos apuraron a vestirse. Para su sorpresa, un perro de raza se hospedaba junto a la rueda molinera. «Era enorme», dice Aurita. Aquella noche cerraron bien puertas y ventanas y a la mañana siguiente llamaron a la Guardia Civil. Herido Los agentes se deshicieron del tema, «porque no era de su competencia», e indicaron a los Vázquez que se dirigiesen al servicio de limpieza de Betanzos. Por no pertenecer al municipio indicado, este equipo tampoco se personó en el lugar. Mientras tanto, Aurita y José convivían con un okupa en la planta baja de su casa. Y así durante sesenta horas. Pero en la mañana de ayer la hermana vio como el animal agonizaba lentamente y no aguantó más. Sin depender de nada ni de nadie, avisó a un veterinario. «Ya no sabía, ni siquiera, si estaba vivo o muerto». El sanitario le aseguró que lo mejor era dirigirse al Concello. Ellos sabrían qué hacer. A última hora, el perro era desalojado y trasladado a una clínica donde fue tratado de las heridas sufridas. «Para acceder a la casa, debió saltar una valla y se hizo daño», comentan. Demasiado tarde para descubrir, con una mirada, que habían cogido cariño al inquilino.