Algunos ciclomotores traen de serie potencia suficiente para que el vehículo alcance velocidades superiores a la permitida. Los fabricantes les ponen limitadores que los pilotos retiran nada más comprar la moto. Además de esa medida, existen otras que incrementan el rendimiento. Desde retirar las fibras del escape, en lo que el propietario no se gasta un duro, hasta las más de 200.000 que puede costar un trucaje para que el scooter pase de 120 kilómetros por hora. Los cambios más habituales afectan a escape y cilindro (se sube la cilindrada para conseguir mayor potencia), pero hay muchos más: embrague, variador, carburador, rodillos, caja de láminas... Todos ellos pasan impunes ante los controles policiales. Una futura ITV obligatoria, para la que aún no hay fecha, les pondrá las cosas más difíciles a los amantes de la velocidad.