MIGAJAS

La Voz

A CORUÑA

CHRISTIAN CASARES PLAZA PÚBLICA

12 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los grandes remedios siempre se reservan para los males que son más visibles. Nadie llama al fontanero por un grifo que gotea. Las alarmas se activan cuando se rompe la cañería. Estos días, sí se ha llamado al fontanero en la ciudad. Un olor insoportable alarmó a más de uno e hizo que la pestilencia se convirtiera en unas líneas de tinta impresa. Probablemente no fuese el día con mayor polución del año. En una ciudad en la que el tráfico de grandes petroleros está presente día a día conviene estar alerta ante cualquier escape. El temor a un vertido como el del Mar Egeo o el Urquiola pasa por las mentes de muchos. Con todo, de los más de tres millones de toneladas de petróleo o derivados que acaban cada año en el mar, apenas el diez por ciento procede de este tipo de accidentes. La responsabilidad del noventa por ciento restante es de los pequeños despilfarros que se hacen día a día. Un goteo incesante por el que nadie llama al fontanero. Aunque el recibo al final salga caro. En Suecia hay un refrán que dice: «Las migas pequeñas también son pan». En este asunto, casi toda la hornada. redaccion@lavoz.com