CALLEJERO

La Voz

A CORUÑA

ÁNGEL PADÍN PLAZA PÚBLICA

20 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Por curiosidad bastante sana, suelo hacer visitas por estas fechas a la oficina de Turismo de la Xunta en la dársena de la Marina. A parte de mi amistad con su director, Jaime Martínez, un coruñés, como el que esto escribe, de toda la vida, siempre encuentro alguna noticia sobre las idas y venidas de nuestros visitantes, muy numerosos lógicamente en esta época veraniega. Me cuenta Jaime, entre otras novedades, que desde Escocia recibió en días pasados una carta de una señora que se llamaba Elviña, naturalmente sin la eñe, que tiene un evidente interés. Resulta que a los ingleses les suena mucho eso de la batalla de Elviña, y el recuerdo de tantos compatriotas que a principios del siglo XIX aquí quedaron para siempre tras la batalla contra los invasores franceses. Y sus padres decidieron ponerle el citado nombre seguramente en recuerdo de algún antepasado. En la misiva la señora escocesa pide dos cosas: unas tarjetas que reproduzcan el tesoro encontrado en el Castro de Elviña (creo no equivocarme si digo que está en el Museo Arquolóxico de San Antón) y un libro o un folleto con recetas de la más pura gastronomía gallega. Ambas peticiones a buen seguro serán atendidas debidamente. Hablamos también de un recién salido callejero de la ciudad, obra de Eduardo Míguez Portela, tan completo que me parece un auténtico hallazgo. Bien presentado, con un plano de la ciudad que abarca prácticamente todo el municipio (¡qué falta hacía tras ver tantos otros por entregas que se quedaban siempre en el Barrio de la Flores o en Labañuo!), recoge los nombres de las más de ochocientas calles que hay en la urbe, sin las numerosas nuevas que últimamente nuestro infatigable alcalde ha inaugurado por distintos barrios y zonas y alguna que otra travesía que seguramente no figura por no repetir nombres. Hay que felicitar a este convecino y al equipo de colaboradores que han participado en la edición, así como al diseñador de la portada, Julio González Castro. Este tipo de concienzudos trabajos, producto más del amor a la ciudad que del interés pecuniario (se suele perder poder adquisitivo, de verdad), merecen un aplauso. Y ahí va el nuestro por si sirve de estímulo. redac@lavoz.com