DÉJESE FASCINAR

La Voz

A CORUÑA

ANTONIO SANDOVAL TRIBUNA

05 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La pajarera de San Diego es un jardín lleno de historias. La del solitario Colín de California que casi enloqueció cuando consiguió una hembra, a la que luego seguía con devoción a todas partes. La de la Diamante mandarín experta en robar pajitas de nidos ajenos. O la del Punteado obsesionado con lograr plumas mucho más grandes que él para alardear ante sus admiradoras. Son acontecimientos seguidos por cientos de ciudadanos cada día. Desde el otro lado del cristal, recorren con la mirada árboles y enredaderas. Buscan los pollitos que vieron volar por primera vez, o siguen al Tejedor fabricando un nido colgante. Cada día trae una novedad. Y muchos no están dispuestos a perdérselas. La razón son las aves. No cesan de ir y venir, de cantar, perseguirse o acicalarse. Están extraordinariamente vivas. Y la contemplación de la vida natural tiene siempre algo de reconciliación con el paraíso perdido, algo que nos sitúa en nuestro lugar entre las demás criaturas y nos hermana con ellas. Por eso es hermoso. Melbourne cuenta con una inmensa pajarera cuyo interior puede recorrerse. Hay edificios similares en otras ciudades. Todos están siempre llenos de personas cautivadas por la belleza de los pájaros, que a menudo se posan en sus manos para obtener una golosina. Las sensaciones que se experimentan son únicas y lo mejor es que perduran. La fascinación por lo natural, inseparable de la condición humana, es la mejor arma del planeta para comenzar a recuperarse de nuestros errores. Por eso es tan importante potenciarla. ANTONIO SANDOVAL es intérprete ambiental