FEMENINO Y SINGULAR Sabela Ferreiro Bouza, cooperante en la ONG infantil Animun No lo duda. «Los niños siempre son el futuro», redobla. Sabela Ferreiro Bouza, «apellidos muy ingleses», es cooperante en la ONG Animun (Ayuda a los niños del mundo). Trabaja con los niños que viven en las chabolas del Pasaje. «Tratamos de integrarlos», explica.
03 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Una foto de chavales rumanos en La Voz fue el detonante para que estos cooperantes se pusiesen mano a la solidaridad. «Nos costó Dios y ayuda pero llevamos toneladas de material hasta Rumanía», recuerda. De lo internacional a lo local. Ahora se deja la piel en el programa Mafalda. Ella misma tiene un aire a crecidita Mafalda que lucha por un mundo mejor. Llega antes de tiempo y sabe manejar las pequeñas y las grandes palabras. Lleva casi cinco años en Animun y relata su trabajo de colaboración. -Va a hacer cinco años que la creamos. Es una ONG de ayuda a la infancia, también de ayuda humanitaria. Trabajamos con otros países y aquí con problemas de desintegración familiar. Todo lo que se nos presenta intentamos atenderlo. Ahora estamos sólo en A Coruña. Hace un año y medio quisimos crecer e ir a Madrid, pero tuvimos que cambiar de planes por la falta de compromiso. Pero tenemos un brazo muy largo y llegamos a muchos sitios desde aquí. -¿En qué están ahora? -Trabajamos en el proyecto Mafalda. Lo hacemos con chavales del Pasaje durante todo el curso. Realizamos actividades extraescolares, hábitos de alimentación y de higiene, visitas culturales y algo de teatro y expresión corporal. Con los mayores hemos organizado un torneo de fútbol-sala, que les atrae más. Ahora queremos poner en marcha el proyecto Mujeres para chicas gitanas. (Coge más carrerilla). Mira, a los doce años dejan de estudiar, a los catorce se casan y a los 15 ya tienen hijos. Tenemos que buscar una manera de integrarlas. Hemos pensado en talleres de corte y confección. Sería un trabajo que podrían realizar y les daría la posibilidad de tener un sueldo. Queremos empezar en septiembre, pero nos hace falta el dinero. Ellas son muy receptivas, pero la financiación lo es todo en solidaridad. -¿Cómo nació Animun? -(Sonríe). Empezó precisamente gracias a un artículo de La Voz de Galicia. Una foto de unos niños rumanos nos conmovió y decidimos trabajar para enviar ayuda a los orfanatos del aquel país. Costó Dios y ayuda pero les enviamos veinte toneladas de material. Se trataba de dos centros, uno con más de 300 niños entre 6 y 16 años y otro de bebés, en el que las madres daban a luz y (pone cara de dolor y pena) ya dejaban allí a los recién nacidos. Empezamos de la nada. Ninguno había trabajado en solidaridad. -¿La gente dice que le gustaría colaborar? -Sí, la gente lo dice, pero a la hora de la verdad no nos movemos. Tras lo de Rumanía, estuvimos enviando ayuda a Cuba hasta que Fidel Castro decidió cobrar los fletes de los envíos humanitarios. Ayudábamos al Hospital Pediátrico Docente de Centro Habana y a dos círculos infantiles, Panchito y Los compañeritos. -¿Dónde están ubicados? -Teníamos un local en la plaza de Lugo, pero tuvimos que ceder la mitad a otra ONG. Como no nos llegaba el espacio, nos fuimos para División Azul, 1 Bajo. -¿Por qué el trabajo aquí con gitanos? -Al trabajar en la plaza de Lugo teníamos mucho contacto con ellos. Van a pedir a aquella zona. Empezamos a ayudarlos con ropa, calzado. Luego pensamos que teníamos que hacer algo más y así nació el programa Mafalda. Intentamos suplir las carencias en su educación. Luchamos para que no estén en la calle extendiendo la mano. Ahora los conocemos a todos. Trabajamos con unos treinta, pero sólo en el Pasaje hay cerca de 200 chavales. -¿Cómo es la relación con ellos y sus padres? -Nos tratan bien. Recuerdo momentos de algún conflicto, pero la relación es buena. En el Pasaje hay gitanos, gitanos portugueses y algunos payos sin recursos. Ahora tienen el problema de abandonar el lugar. Lo que necesitan, el padre Jorge, de Santa Gema, presentó un proyecto, son viviendas estilo las de O Portiño. Los pisos no van con su estilo de vida.