Un joven bergondés lanzó un mensaje al mar que dos años después fue recibido por una francesa La constancia de José Manuel Miranda Varela ha tenido al fin su recompensa. El muchacho, un bergondés de 15 años, es desde la infancia un aficionado compulsivo al envío de mensajes. Pero sus notas no navegan por Internet ni tienen un destinatario fijo. Su última carta fue lanzada dentro de una botella desde el puente de O Pedrido hace dos años. El casco recorrió 360 millas (667 kilómetros) y fue a varar a una playa de la isla de D''Oléron, muy cerca del puerto pesquero de La Rochelle. El mensaje fue encontrado el 25 de marzo por una francesa, Claudine Cadalen, quien ya ha respondido a José Manuel.
07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El joven bergondés casi había perdido las esperanzas de que alguien hallase una de sus notas. Pero el pasado día 4, para sopresa suya y de su familia, recibió por correo ordinario la respuesta de una remitente francesa. Ahora le toca de nuevo mover ficha. Entre otros motivos porque no sabe quién es Claudine Cadalen y lo quiere averiguar. Por eso, buena falta le hace a José Manuel Miranda ser notable en francés. Y es que piensa escribir en ese idioma, con ayuda de su profesora, para evitar cualquier traducción a la destinataria. Al menos, esta vez tiene una dirección en tierras galas: Gooseno, Le Bourg. 24560 Boumagnes. Este es el domicilio que Claudine Cadalen indica a José Manuel en un mapa de la costa cantábrica, en el que se sitúa A Coruña y la isla de D''Oléron. En otro mapa señala el lugar concreto del hallazgo, la playa de Giraudiere. Incertidumbre La mujer francesa también ha devuelto a su origen el mensaje enviado hace dos años. En él, José Manuel facilitaba su domicilio, Mariñán, número 21, Bergondo, y pedía por favor que si alguien hallaba el texto le enviase una carta. Después de lo sucedido, el joven bergondés debe de vivir con una absoluta incertidumbre. Su mirada deja entrever el deseo de que Claudine sea una muchacha de su edad. «Puede ser», es el escueto comentario que hace cuando se le pregunta acerca de tal posibilidad. Cuando lanzó aquella botella a la ría de Betanzos hace dos años seguramente no pensó en ligar, pero ahora... quién sabe. Él «ya no espera una carta después de tanto tiempo», reconoce. Pero una vez recibida no duda que debe seguir adelante y conocer a Claudine, aunque, por el momento, sólo sea a través del correo. José Manuel ya ha empezado a escribir la misiva, que esta vez no será tan concisa como el mensaje navegante, pues el muchacho quiere saber muchas cosas, o al menos algunas, de una mujer francesa que, por razones obvias, le resulta completamente anónima. Que la situación cambie ya depende de Claudine.