Dos asociaciones logran un acuerdo con cinco centros culturales para incluir a un intérprete en sus programas «La cultura es un derecho de todos y los sordos también pueden disfrutar de ella», asegura Inma Vázquez, presidenta de la asociación Trabes e impulsora del acuerdo con la Fundación Barrié, el Museo de Belas Artes, la Fundación Luís Seoane, el Fórum Metropolitano y la biblioteca González Garcés para incluir la presencia de un intérprete de signos en algunas de sus actividades. «No se trata de una discriminación, sino de una necesidad que está mal atendida», explica Inma Vázquez.
01 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Inma lleva una década como significada activista en pro de los disminuidos. Su compañera Victoria Nespollet ha sufrido en silencio un problema que primero afectó a sus padres y que también lo hace con su marido. «A un sordo le cuesta dinero todo, hasta la educación, porque para hacer un curso tiene que pagarse no sólo la matrícula, sino también el traductor que le explique lo que habla el profesor», protestan casi conjuntamente Inma y Victoria en nombre de los cuatrocientos disminuidos auditivos censados en A Coruña, casi la mitad del millar registrado en toda Galicia. Por eso, ambas miran con especial ilusión la fecha del debut de su novedosa propuesta en la Fundación Barrié. «Uff, ¿es el 5 o el 8? No lo sé, no quiero meter la pata», musita la presidenta de Trabes. El tema elegido por esa asociación, con la que colabora además el centro Tomás Barros y la Asociación de Intérpretes para Personas Sordas (Asipes), «no podía ser otro que el de la solidaridad», como aclaran las promotoras de esta iniciativa. Será el primer paso de un proyecto experimental que tendrá aplicación en conferencias, exposiciones, talleres y mesas redondas previamente seleccionadas por los técnicos para lograr sacar el máximo rendimiento a la inversión. «La sordera no es un problema único del disminuido. Son todos los demás estamentos de la sociedad los que le tienen que ayudar a integrarse para evitar la exclusión y la discriminación», insiste en tono más beligerante Inma Vázquez.