Sé quien soy

La Voz

A CORUÑA

YAGO EN PRIMERA PERSONA

29 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Me dicen que mis padres están ahí fuera y que van a pasar a verme. Un señor y una señora entran en la habitación. «Tus padres», escucho. No los conozco. Llego a pensar que me han secuestrado y que, en vez de en el hospital de A Coruña, estoy en un lugar de Sudamérica y toda esa gente me está engañando. Lloro. Me hablan de un anuncio de la tele. «Tú, como el del anuncio del Volkswagen», me dicen, pero no sé a qué se refieren. Después, me cuentan que me pegaron en la calle Juan Flórez cuando estaba con dos amigas. Recuerdo entonces una mirada provocadora de un chaval. Eso y que, tirado en la calle, me había despertado para escupir un chicle. ¿Eres mi amiga? Me angustio otra vez cuando pasa una chica a la habitación. Le pregunto si es una de las dos que estaban conmigo en aquel momento. No lo es. Es mi hermana. Me da mucha rabia no reconocerla. Vuelvo a llorar. En ese momento tomo la decisión más importante de todas: confiar en la gente. No hay otra: o me fío o me hundo. Que estos dicen que son mis padres, pues me lo creo. Que estos dicen que son amigos, pues lo son. Me olvido de la paranoia del secuestro. Me llevan a casa. Me tranquiliza estar allí. Viene un montón de gente a verme. Muchos de mis amigos creen que les estoy tomando el pelo cuando les digo que no sé quienes son. Sufro al no reconocerlos. Veo a la gente y agacho la mirada. La obsesión Los médicos han dicho que en tres o cuatro días recuperaré la memoria. Pero el tiempo pasa y nada. Empiezo a obsesionarme con una idea: «Llegará un momento en que no me acuerde de que no me acuerdo», pienso. Tengo miedo de que mi vida anterior se haya borrado para siempre y yo lo dé por normal. Procuro tranquilizar a todo el mundo, pero la verdad es que estoy asustadísimo. La gente me habla, y yo hago como que los atiendo, pero en realidad dedico todo el día y toda la noche a intentar recordar. De vez en cuando, tengo flashes que me dan algo de esperanza. Llega mi cumpleaños. Dieciocho años, y de todo ese tiempo sólo recuerdo tres días. Lo celebro por la mañana en el hospital. Los médicos me dicen que no tengo ningún tipo de secuela física: la amnesia es culpa de un shock emocional. Decido que tengo que volver a mi vida de antes lo más pronto posible. Ese día voy al colegio. Llego con la clase empezada. Vuelta a clase Dos de los que están dentro me habían visitado en casa. Les había dicho que se levantasen cuando entrase. Abro la puerta. Todos me miran en silencio, nadie se levanta... Me voy a ir, asustado, pero ahí están mis amigos. Me siento en las primeras filas, donde, dicen, me pongo siempre. No miro para atrás ni una vez. No me concentro en la clase. No se me ha olvidado sumar, ni leer, los conocimientos básicos. Lo que he estudiado lo recuerdo. Eso me tranquiliza. Les digo a mis padres que no voy a utilizar la excusa de que no recuerdo nada si no apruebo COU. Nos reímos. En clase estoy incómodo. Es como si fuese nuevo en el colegio. Primera salida Llega el viernes. Salgo. Voy a los sitios de siempre, o eso me dicen. Agacho mucho la cabeza. Me da rabia que alguien me reconozca y yo no lo salude y se piense que lo hago porque paso de él. Pasa el fin de semana y siento que voy a más. Al principio, cuando me enseñaban vídeos y fotos, era como si viese por primera vez una película. La película de mi vida. Ahora voy recordando historias. Me las cuentan los amigos y la familia, y a mí me suenan. Como en «Matrix» Mi última gran preocupación es el equipo de fútbol. En la habitación tengo diez fotos, una de cada temporada. Todos mis recuerdos son yo y un balón. Ya han pasado más de dos semanas desde el golpe. Miro mi calendario. Están señalados con un círculo una fecha y un nombre. Hago memoria. De repente, en un segundo, me vuelven todos los recuerdos del equipo. Se me llena el cerebro. El nombre es el del club y la fecha es la del último partido. Lo que me pasa es algo parecido a lo que pasa en Matrix, cuando Keanu Reeves aprende kung-fu en cuestión de segundos. Me llevo una gran alegría. Días después vuelvo a entrenar. Lo hago con mi nuevo equipo. No me he olvidado de darle al balón. Estoy mejor Sí. Estoy mejor. Todavía hay mucho que recorrer. Tengo familiares en Barcelona, donde dicen que he veraneado, pero no los recuerdo, al igual que bastantes más cosas. Pero, poco a poco, lo recordaré todo. Será gracias a la ayuda de la familia, la gente del colegio, la de la pasantía, los médicos, los amigos... Lo que ahora soy se lo debo a ellos. ¡Ahhh! Y ya sé de qué anuncio me hablan: me reí mucho al verlo. La amnesia es así, aunque yo me acuerdo de más que de un coche. Y sé lo que es mío y lo que no. YAGO es el joven que fue agredido en la calle Juan Flórez el pasado 3 de marzo y sufre amnesia parcial desde entonces