Fue a finales de la década de los 60 cuando comenzó la construcción del edificio que hace esquina a la playa de Riazor, en el cruce de Rubine con Comandante Barja y, que con su elevada altura, dejaba a la playa en sombra hasta el mes de mayo. Anteriormente se había construido otro, en pleno centro de la playa, con once pisos. Hubo protestas en la prensa, pero se aplicó la política de «hechos consumados». También hasta comienzos de los 60 circulaba por Rubine y la avenida de Buenos Aires, camino del paseo de La Habana, el último de los tranvías que circuló por A Coruña hasta que el actual alcalde impulsase los del Paseo Marítimo. Los dos tranvías tenían el cruce cerca de donde hoy está el Palacio de los Deportes y eran utilizados por los moradores del entonces lejano barrio de Peruleiro y, también, por los estudiantes que iban a la Ciudad Escolar. A pesar de que tenía un precio barato, muchos viajaban en el estribo y no pagaban. Cuando los temporales eran fuertes, la arena de la playa descargaba sobre las vías del tranvía y el tráfico era dificultoso.