El último verso de La Poesía

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

La librería más antigua de A Coruña deja paso a una tienda de deportes En San Andrés hay una puerta temporal. Transporta al pasado de la ciudad. Está entreabierta. Pasen y vean. Tras el mostrador, José María Hernández. Detrás, colgado de la pared y junto a un carnavalesco trasero de plástico, un cartel: «Liquidación por jubilación», reza. Entre una nube de polvo, don José «hace las maletas». Se marcha. El «equipaje» es variado: libros editados en 1922, una careta de Hitler, una máquina de escribir Remington... La Poesía, la librería más antigua de la ciudad, traza sus últimos versos.

05 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Ayer desnudó el escaparate. Adiós a la calle del terror. Así ha rebautizado José a San Andrés. «A esta zona la están dejando morir. Es imposible aparcar por aquí. ¿Quién va a venir a comprar en estas condiciones? Una careta cuesta 500 pesetas y la multa», se queja José María Hernández, propietario del negocio. Lleva desde 1943 a pie de página. Al pie del cañón. Como un tiro iba entonces la librería. Cinco llegaron a trabajar en un local que tuvo como cliente a Casares Quiroga. «Últimamente sólo estaba yo. Y dormido de aburrimiento». Las cuentas no salían y no por culpa de la máquina registradora, utensilio que jamás tintineó en este local. El epílogo de La Poesía se escribió el 30 de diciembre. Es la fecha de un cierre que dará paso «a una tienda de deportes». «La República agoniza» El polvo acumulado durante decenios respira por fin. José recoge. Revuelve aquí y acullá. Escala entre montañas de saber, entre libros de naturismo, enciclopedias y diccionarios. Y, de vez cuando, desentierra alguna sorpresa. «Mira esto», pide al periodista. Es un libro: La República agoniza. Salvemos a España. Los hay anteriores. En un estante cercano reposa Memorias de mi vida, de Goethe. La portada informa: «Madrid, 1922». Justo el año en que Luis Noya y Carmen García, tíos de José, fundaron La Poesía. Quizá esté allí desde entonces, como los rollos de papel que se apilan en la parte trasera del local. «Las casas pudientes de A Coruña estaban empapeladas con esto. Hasta venían de Madrid a comprarnos estos papeles». La Poesía evoca también el espíritu de viejos antroidos. «Esta fue la primera tienda de la ciudad que vendió artículos de carnaval y de Navidad». Habla con deje nostálgico José, cuya vinculación sentimental con el local está marcada a lápiz en una columna de madera. En ella se apoyó un día de 1943. Su tío le tomó medidas. El ritual se repitió más veces y ahí están aún las señales. Son líneas rectas. Los renglones torcidos llegaron después. El punto final, ahora.