La presidenta del Senado visitó firmas de moda, habló ante las mujeres del PP y disertó sobre la Cámara Alta
24 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Venía a Galicia y llegó de verde. Previo retraso aeronáutico y saludo de temporal, Esperanza Aguirre, invitada por los empresarios del textil, fue recibida cercano el mediodía. Los creadores tienen sus cosas, se oía en el Club Financiero, y quizá se pensaba en impulsar desde el Senado la inclusión de la piel de vaca, loca o no, en las colecciones. La idea distrae y ni siquiera un conocido modisto de apellido nobiliario se resistió a la pregunta: ¿qué misteriosa relación existe entre la Cámara Alta y la moda? El Senado legisla, argumentó, y la agenda que cerraba una charla sobre la reforma de la institución que preside se llenó con visitas a factorías y talleres del «sector más pujante y embajador internacional de España». Resguardada por un sol desacostumbrado, la presidenta local, Belén Docampo, y los hombres del PP, Kina Fernández fue su primera anfitriona. En su fábrica de A Grela, la senadora madrileña conoció en las perchas lo que se va a llevar y saludó a Pablo, la cuota masculina en el mundo de los curritos de la aguja y el dedal. Coche oficial y carrera a Sabón: Antonio Pernas esperaba y Erias se sumó a la comitiva. Entre retal y retal, el diseñador pidió su mediación para negociar un desfile en un museo madrileño. De nuevo, vencieron por goleada los ¡qué bonito! antes de cruzar el polígono para ingresar en Inditex. Parece, -la prensa fue invitada a esperar- que Esperanza se quedó como el torero, im-presionada. Sólo una comida en el Náutico, abrigada de PP, la repuso para un maratón de nuevo lluvioso que siguió de tarde.