El río Mero vuelve a desbordarse y anega a su paso viviendas, caminos y cultivos En Cambre tienen la lección aprendida. Es imposible entablar batalla con la naturaleza, no hay esperanza de ganar. Hace tiempo, la gente trató de domar el río, ahora se pagan las consecuencias. Plantaron casas en los márgenes del Mero, estrecharon su cauce. Las lluvias hacen que el agua busque las viejas vías y pase olímpicamente de muros y caminos. Se asoma a las puertas de casas e invernaderos, lo anega todo. Ayer se dio una nueva alerta, y van unas cuantas. Los operarios de Protección Civil reiniciaron los desalojos de viviendas, tras unos días de tregua. El operario de la presa de Cecebre volvió a abrir las compuertas y la depuradora de A Telva recibió doble ración de agua.
05 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.«Salimos ayer por la noche y no hemos podido volver a entrar». La vivienda de Juan Carlos López parece una de esas casas flotantes brasileñas, la diferencia es que esta no flota. «El agua ha inundado toda la primera planta, allí tenemos un coche y una moto. Es la segunda vez que nos pasa en menos de un mes», explica resignado. El dueño de un taller próximo contempla como la crecida del río Mero ha inundado el inmueble. «Tengo un muro de tres metros, pero igual el agua ha pasado por encima», lamenta. El nuevo curso que ha tomado el río deja tras de sí una imagen desoladora. Coches sumergidos, caminos borrados del mapa, cosechas arrasadas. En el embalse de Cecebre, la salida de agua ha aumentado de 65 a 74 metros cúbicos. No queda otra solución. El operario que trabaja en la presa realiza mediciones continuas. En la depuradora de A Telva están acostumbrados al agua pero no es frecuente que, en lugar de tratarla, tengan que usar bombas para achicarla. Tuvo que sellarse la sala de máquinas principal. Por fortuna, el cableado aéreo -de nueva instalación- permite que el funcionamiento sea el habitual. Los equipos de Protección Civil multiplican su trabajo. En la zona de A Barcala se emplean a fondo en la retirada de ramas y desechos que obstaculizan el paso del agua. «Estamos esperando una máquina para poder quitar unos árboles pequeños que no somos capaces de sacar», indican dos operarios. En este punto se puede apreciar fácilmente la crecida del Mero, el estrecho paso se ha visto completamente desbordado.