Las cataratas de Cecebre

P. R. A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

La presa se llenó de curiosos que acudieron a presenciar el estado de las inundaciones durante el día festivo Tras la tempestad llegó la calma. Y el turismo de categoría sin clasificar. Muchos coruñeses aprovecharon el Puente de la Constitución para presenciar sobre el terreno los efectos de la lluvia y la improvisada versión de las cataratas del Niágara que ofrecía el embalse de Cecebre. Pero en realidad de lo que se trataba era de una presa sobrecargada de agua. El Concello de Cambre insistió en la nula conveniencia de asistir al «espectáculo» ante los riesgos y el entorpecimiento de las tareas de limpieza que llevan a cabo miembros de protección civil de Cambre, Bergondo, A Coruña y Cruz Roja. Mientras, los vecinos confesaban que cuando vieron tanta agua, qué iban hacer: «Mirar».

08 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Para recorrer el trayecto -no más de tres kilómetros- de Cambre a O Burgo, a las seis y media de la tarde, eran necesarios cerca de veinte minutos. Una caravana de coches ocupaba toda la calzada procedente del espectáculo acuático que la naturaleza había deparado. El regreso, al caer la tarde, tenía el aspecto del final de un acto multitudinario. Los coches, cargados con toda la familia, regresaban a sus puntos de origen sin saber bien en qué había consistido el espectáculo, pero quedará una buena constancia gráfica, a tenor del gran número de cámaras fotográficas y de video que se pudieron ver a lo largo del día. Manuel Barbeito, jubilado y vecino de A Barcala, por su parte, no se asombraba de lo sucedido: «Aquí ha pasado esto muchas veces, y los que tienen casas al lado del río pues se les inunda siempre. Es la misma historia». Su queja: «Que no puedo pasear», afirma. Otros vecinos de la zona de A Barcala que no se vieron directamente afectados por el temporal confirmaban la falta de extrañeza: «Hombre, yo no había visto tanta inundación, pero aquí esto pasa», dice Carlos, un joven natural de Cela y que ha dedicado la mañana a recorrer en moto el área metropolitana para comprobar en directo los efectos del desbordamiento del río Mero. Tranquilidad La mayoría de los vecinos de Cambre mostraron tranquilidad ante la posibilidad de que sus hogares se vieran afectados por la desgracia climatológica. Una mujer tiende la ropa en la huerta al lado de su casa mientras se niega a contar sus sensaciones ante la crecida: «Que yo no se hablar», dice. Al insistirle en que cuente qué pensó hacer al ver que el agua llegaba a escasos treinta metros de su lugar de residencia la mujer, sin soltar ni la ropa ni las pinzas, sonríe y afirma: «Pues qué iba a hacer, me quedé mirando, aquí nunca llega el agua».