Una conducción de mediados del siglo XIX lleva el agua desde San Xiao hasta el centro de Betanzos Dos kilómetros de trazado, con un caudal suficiente para alimentar _a principios del siglo XX_ cuatro fuentes, y en el que se alternan subterráneos y superposiciones que salvan el desnivel caracterizan el acueducto que desde San Xiao llega hasta Betanzos. En su construcción participaron treinta trabajadores. Una obra de ingeniería que se nos muestra tan necesaria como oscura. Se conoce su historia y su imperiosa necesidad, pero el paso del tiempo niega los secretos de su verdadera evolución. Se han descubierto su origen y su autor, pero son muchos los que en Betanzos aún ignoran hoy su existencia.
23 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.LUCÍA TENREIRO BETANZOS La maleza oculta en gran parte el pequeño acueducto que ayudó a mantener vivo el desarrollo de una ciudad en plena fase de transformación. No perdura desde hace siglos como el de Segovia. Tampoco ha sido elegido como la mejor obra de ingeniería civil de España por un jurado de diez expertos. Sin embargo, el acueducto construido en Betanzos a mediados del siglo XIX, se convirtió después de un lento curso de las obras en la solución a un problema que la paulatina expansión hacía más acuciante». El agua siempre ha sido uno de los bienes que mayor preocupación ha suscitado en las poblaciones. Su falta es fuente de males y su abundancia indica desarrollo. El traslado de la feria Betanzos era a mediados del siglo XIX una ciudad en auge, donde la plaza de O Campo se alzaba como el espejo de su modernidad y nuevas estructuras urbanas, y donde lo urbano se abría paso entre lo rural. Así las cosas, la feria del ganado no tenía sentido de ser en una plaza que el paso de los años había convertido en monumental. De esta forma, se acuerda su traslado a un espacio próximo que, desde ese momento y hasta hoy se conoce como Feira Nova. Algunos feireantes continuaron su venta en la plaza, como lo siguen haciendo actualmente.