¿Cómo evitar el desgaste silencioso de los huesos? Cada dos minutos se produce una fractura por fragilidad en España
El Instituto Médico Arriaza, con amplia experiencia en el cuidado óseo, nos explica cómo aportarle al tejido los nutrientes que va perdiendo a lo largo de los años
Cada dos minutos, un hueso sufre una fractura por fragilidad en España. A nivel nacional, más de la mitad de las personas mayores de 50 años tienen una densidad mineral ósea más baja de lo normal; sin embargo, la mayoría de nosotros no pensamos en nuestros huesos hasta que se rompen. Ocultos bajo capas de piel, músculo y órganos, los huesos nos permiten hacer todos los movimientos que realizamos cada día, desde levantarnos de la cama hasta jugar con los niños o llevar las bolsas de la compra. Un hueso sano es como el parabrisas de un coche: fuerte, resistente, capaz de absorber impactos y, al mismo tiempo, ligeramente flexible para no estallar ante la presión. De hecho, un fémur en buen estado puede llegar a soportar más de una tonelada de fuerza sin romperse. Pero ¿qué ocurre cuando el hueso falla? Esta es una preocupación cada vez más importante a medida que vamos cumpliendo años, pero proteger este tejido es más fácil de lo que podríamos pensar, con el apoyo adecuado.
Con el paso del tiempo, los huesos van cambiando. Se trata de un proceso lento y silencioso. A diferencia de otros efectos de la edad, la pérdida de densidad ósea no se anuncia con dolor u otros síntomas. Puede pasar desapercibida durante más de una década y, para cuando llega el diagnóstico de osteoporosis o la primera fractura inesperada, el desgaste acumulado ya lleva tiempo produciéndose. Por eso la prevención es clave. El Instituto Médico Arriaza es un centro de referencia especializado en la salud de los huesos. Basándose en estos conocimientos específicos, acaban de lanzar una solución que nace precisamente con esa idea: aportar los nutrientes que este tejido necesita para mantenerse fuerte antes de que aparezcan los problemas.
La nutricionista María Parra, del Instituto Médico Arriaza, resume: «Se trata de evitar que se instalen deficiencias con los años. Esto es mucho más sencillo que tener que tratar después una fractura o una osteoporosis». Nuestros huesos, como el parabrisas que nos protege sin que reparemos en él, están diseñados para resistir. Pero incluso el material más sólido necesita cuidados. Anticiparse al desgaste es, en este caso, la mejor inversión en salud futura.
El pegamento del calcio
Lejos de ser una estructura rígida e inerte, el hueso es un tejido vivo que se renueva constantemente y que necesita un entorno adecuado para mantenerse fuerte. Si imaginásemos el hueso como un muro, el calcio serían los ladrillos que lo conforman. Pero ningún muro se sostiene solo con ladrillos. Hace falta un buen cemento que los una y los mantenga firmes, sobre todo a medida que pasa el tiempo. La vitamina D, «junto con el fosfato, funciona como un fijador del calcio en el hueso», explica Parra. Es decir, ayuda a que ese calcio se integre, asentando el muro. En cada cápsula de Salud Ósea, el calcio procedente de coral marino se combina con vitamina D3 para facilitar ese proceso natural.
Pero la fórmula va un paso más allá. Todos los elementos presentes en este suplemento están interrelacionados de manera que una parte funciona con la otra para conseguir la fijación del calcio. El citrato de magnesio —la presentación con mejor biodisponibilidad de este mineral— actúa como cofactor esencial para activar la vitamina D; la vitamina K contribuye a que el calcio se deposite correctamente; el zinc facilita el proceso y la vitamina C estimula la producción de colágeno, aportando elasticidad y resistencia al tejido óseo y articular. «Lo que buscamos es evitar la descalcificación y que el músculo y el hueso se vayan perdiendo con el tiempo», añade Parra.
Con sello gallego, el coral marino es «una alternativa superior a los suplementos de calcio convencionales, gracias a su estructura única y al contenido adicional de oligoelementos de las algas. Esto facilita su absorción y es más suave para el intestino», explica la nutricionista.
Refuerzo frente a la fragilidad
Las fracturas por fragilidad van mucho más allá del quiebre de un hueso. Con frecuencia, afectan a tejidos estructurales y fundamentales para la movilidad, como los huesos de las caderas. El impacto en la calidad de vida es directo y duradero, ya que muchas veces conlleva la necesidad de cuidados y una pérdida de la productividad laboral.
Lo más alarmante es la dificultad a la hora de detectar el problema antes de que ocurra. Considerada por la Sociedad Española de Reumatología como una epidemia silenciosa, la osteoporosis continúa estando infradiagnosticada, dado que no produce síntomas ni manifestaciones notorias. Para cuando se produce la fractura, actuar para revertir la pérdida de tejido óseo es más difícil.
La clave está, por tanto, en la prevención y en conocer los factores de riesgo. A la cabeza de ellos se encuentra el déficit de vitamina D, una problemática cada vez más frecuente en la población y que se potencia a través de los hábitos. «Si ingerimos muchos alimentos ultraprocesados estamos produciendo inflamación en el cuerpo y eso también va en contra de la absorción de vitamina D», apunta la experta. Aunque nos hayamos pasado el verano tomando el sol, tras una temporada invernal en la que las reservas de vitamina D se han ido agotando, esta puede salir baja en la analítica. «Muchas veces tiene que ver con la absorción», señala la nutricionista. El estrés, la falta de ejercicio, el consumo de alcohol o simplemente el envejecimiento —que lleva asociado un proceso inflamatorio— pueden dificultar que el organismo aproveche bien este nutriente.
Aunque parte de la vitamina D que necesitamos puede obtenerse a través de alimentos como el pescado azul o los huevos, Parra advierte que esto no es suficiente para reforzar adecuadamente el hueso: «Solo podemos conseguir una pequeña parte de este nutriente por esos medios y hay que tener en consideración su absorción». Por esta razón, indica que, si queremos asegurarnos de evitar una posible fractura, «puede ser importante añadir un aporte extra». Productos como este suplemento ofrecen una solución práctica y sencilla: dos cápsulas en una única toma diaria, sin necesidad de acompañarlas de comida, integrándose en la rutina de manera conveniente.
Beneficios a partir de los 40
Cuando somos jóvenes, parece que el cuerpo responde y se recupera ante todo. Pero poco a poco, a medida que nos acercamos a la mediana edad, empiezan a producirse cambios invisibles. Como no vamos a notar nada inicialmente, lo ideal es adelantarse. «Yo recomiendo cuidarse desde antes de que aparezcan los problemas. A partir de los 40 o 45 años, con este suplemento estamos cubriéndonos las espaldas frente a lo que pueda venir después», indica Parra.
La menopausia en la mujer es un momento especialmente sensible, pero no el único. El paso del tiempo afecta también a los hombres y a cualquier persona que en algún momento dado haya descuidado su alimentación o su exposición al sol. No hace falta llegar al extremo de una fractura o una osteoporosis para beneficiarse de un aporte extra de nutrientes. «Esto no es un medicamento; es una herramienta para no llegar a ese punto», recalca la experta.
Ejercicio y salud
En nuestro interior, hueso y músculo forman un dúo inseparable. Los músculos sostienen y protegen al hueso, mientras que este sirve de palanca para los músculos durante el esfuerzo físico. Por esta razón, «si hacemos ejercicio pero no aportamos los nutrientes necesarios, puede que no estemos llegando a cubrir lo que el cuerpo necesita», advierte Parra. De ahí que el suplemento resulte especialmente interesante en personas activas de mediana edad que quieren seguir practicando deporte o manteniéndose activas sin descuidar su salud.