Aspas mantiene vivo a un Celta intermitente

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

La raza tomó las riendas cuando el fútbol no era suficiente

04 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Iago Aspas debía una al Celta y al celtismo, y fue un disparo en el minuto 83 la fórmula elegida por el delantero para expirar sus pecados. Su gol permite seguir soñando con la permanencia, aunque ralentiza el paso de un equipo que se mostró intermitente ante un Athletic que hace suya la ley de que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y es que los bilbaínos fueron capaces de presionar a los célticos durante 90 minutos poniendo a prueba la intensidad de un equipo al que le costó lo imposible meterse en el encuentro, y que solo encontró el premio cuando la casta ya mandaba más que el fútbol y el físico.

No sorprendió Abel con el once. El técnico parece haber encontrado su equipo ideal desde Mallorca, y solo Bellvís y Madinda, cambios obligados, modificaron las últimas pizarras. Tampoco cambió la idiosincrasia céltica, aunque quizás sí se agudizó. Con el balón en los pies los de Abel se sienten cómodos y confiados, pero sin él son un equipo demasiado débil y entregado al rival. Lo sabía el Athletic, y se aprovechó de ello.

Sobre una balanza, esta vez el ataque celeste fue más virtud que defecto, aunque con las pegas habituales. Se multiplicaron las llegadas, aunque el equipo conserva su miopía a la hora de ver portería. Veintiún disparos, seis tiros a puerta y un gol son las cifras de los celestes, que acabaron quemando las naves en la búsqueda del empate. Fue así como por primera vez en la temporada Aspas, Bermejo, Orellana y Toni coincidieron sobre el terreno de juego.

Y si la carga ofensiva fue el pro de la balanza céltica, el sufrimiento por las bandas y los duelos individuales dieron forma a los contras. El arranque del choque expuso a un Celta al que la pelota le duraba un suspiro en los pies y que perdía cada duelo. La presión de los bilbaínos, su velocidad y su intensidad constante hicieron daño a un equipo que dejó escapar parte de la seguridad ganada en las jornadas anteriores. También sufrieron especialmente las bandas aunque, como el resto del equipo, acabo exprimiéndose en pos del empate. Una huida hacia delante que premió el esfuerzo.