Iago siempre quiso ser Mostovoi. Con el zar que marcó una época en el Celta. Comparte carácter, magia, visión de juego, personalidad.. y mala leche.
Iago creció viendo al Eurocelta, al equipo adiestrado por Víctor Fernández a quien la historia le debe un titulo, pero sobre todo creció como un espíritu libre e independiente. Se fue un año cedido, amagó por dejar el fútbol y dedicarse a otra cosa, pero el fútbol lo era todo para él. Por eso formó un tándem irrepetible con Abalo en el filial, salvó al Celta del descenso a Segunda B el día de su debut y el verano pasado reclamó más minutos para demostrar al futbolista que lleva dentro.
Le ha sobrado un año memorable en Segunda y tres partidos en Primera para demostrar que el Zar ya tiene sucesor. Le da igual jugar una pachanga que retar a un central de tallo largo. Si ha llegado hasta aquí es a base de desparpajo y talento. El mismo que tenía su adorado Mostovoi. El otro diez que marcó época en el conjunto vigués. La única diferencia es que Iago nunca amagará con irse del campo en un partido. Le quiere demasiado al escudo. El y el Celta son sinónimos. ¿De por vida?.