Dejar de competir no es una opción

Miguel García
Miguel García LUGO / LA VOZ

CDLUGO

OSKAR MATXIN / LOF

29 abr 2026 . Actualizado a las 17:41 h.

Existen muchas definiciones del término competir, una podría ser la capacidad de luchar, rivalizar o contender entre sí varias personas o entidades para lograr un mismo fin, obtener superioridad o alcanzar un premio. Implica disputar algo con empeño, igualar a otra cosa análoga o prepararse para no ceder terreno ante un oponente, enfocándose en el proceso.

Este término es bastante utilizado en cualquier actividad deportiva y se añade ahora en términos profesionales en cualquier trabajo y ocupación. Como el fútbol es lo que nos llega al alma, los entrenadores cuando iniciamos un proyecto solemos en ocasiones abusar o simplemente emplear esta palabra para advertir de la importancia de llegar cuanto antes a un estado competitivo idóneo del equipo para poder ganar o determinar los objetivos.

La competitividad tiene varios indicadores, el talento de los jugadores por supuesto, la condición física, el estado de forma y sin duda su motivación y compromiso en el proyecto. Solo uno de estos indicadores no sufre variación especialmente en jugadores ya formados, me refiero al talento. Aunque por sí solo, no sería suficiente para alcanzar el mínimo. Los demás están sujetos al entrenamiento, al crecimiento dentro de la temporada, a su grado de implicación y protagonismo. Estos parámetros en su máxima expresión pueden hacer que un futbolista tenga un rendimiento por encima de la previsión, con lo cual va a sumar al colectivo y este va a ser el gran beneficiado. Por el contrario, si dichos parámetros no están alineados y su rendimiento está por debajo de las expectativas, su aportación al colectivo va a ser escasa.

Para el aficionado, el indicador más potente es el resultado, es lógico. Ganar es el mejor síntoma de que las cosas funcionan y hacerlo con regularidad es un claro síntoma de la evolución del equipo. Sin embargo, para los técnicos no es posible ganar o estar en disposición de hacerlo de manera recurrente si no se alcanza el mínimo competitivo. Es decir, primero competir para poder ganar.

El Lugo en este momento da síntomas alarmantes de falta de competitividad. Son los mismos jugadores, con las mismas camisetas, en la misma categoría. En todo caso están lejos del triunfo debido a un rendimiento individual y colectivo que no les permite enfrentar los partidos en disposición de ganarlos. No veo falta de actitud, ya lo comenté en este mismo espacio hace varias semanas. Intuyo un decaimiento general acuciado por la sensación de frustración y de no ver reflejadas en la clasificación las expectativas generadas. Conviene sacudirse la desilusión y reaccionar de manera activa. Siempre hay algo por lo que competir porque dejar de hacerlo, contagia de forma severa al resto del equipo, te hace vulnerable al desánimo y se reactiva en tu mente el virus dañino del conformismo.