Podría ser una contradicción o podría ser una sensación equivocada. Parece que hay más prisa, más urgencia, más premura, más impaciencia por un desenlace en forma de ascenso del Club Deportivo Lugo desde la propiedad que desde la afición. Conviene desarrollar esta percepción. Es evidente el cambio profundo que sufrió el fútbol en cuestión administrativa y de dirección. Anteriormente lo dirigían juntas directivas, lideradas por un presidente, que por supuesto en muchos casos también adelantaban sus bienes y en otros muchos acababan perdiéndolos por su voluntarioso compromiso.
Ahora los clubes de fútbol son empresas que tienen que ser rentables, dar cuenta a sus accionistas y en el futbol profesional están los recursos necesarios para que el beneficio compense la inversión. El fin, el deseo de los propietarios y el del aficionado, no digo que no sea el mismo, pero se percibe de distinta forma. Para el empresario, el sufrimiento es una constante; para el aficionado, el camino que se va recorriendo se disfruta o padece cada siete días y se renueva la ilusión de forma permanente.
Ciñéndonos a este momento de la temporada, la sensación desde dentro es que el equipo podría estar desde hace varias semanas en el grupo de los elegidos, y desde la grada, la impresión es que la travesía está siendo hasta agradable. Volcados los seguidores de forma significativa desde el primer día, pero acelerando su participación en las últimas semanas de manera relevante. Muy comprensible en ambos casos, unos porque está en juego su inversión, su compromiso y su responsabilidad y los otros porque está en juego un escudo, unos colores y un club al que quieres.
Acercándonos al tramo definitivo, propiedad y afición miran a lo que viene en el calendario y también a lo que se aproxima en la clasificación. Demasiados invitados a una mesa que cada vez se estrecha más y alguno ya parece haber ocupado un espacio. Para el club, sudores fríos; para el aficionado, cálculos, cuentas, previsiones, pronósticos.
En el vestuario, ajenos a todo, pendientes de todo. Son los verdaderos protagonistas, los actores principales. En todo caso, necesitan cooperadores necesarios, en este caso al club y al aficionado para llevar a cabo su trabajo, su misión. Se colabora dando tranquilidad y medios, se participa animando hasta el final. El reto es estar en el espacio de los elegidos la mañana del 25 de mayo. El Bilbao Athetic, la primera oportunidad para reservar mesa