Edu Campabadal, jugador del Zamora: «Los primeros seis meses con Francisco fueron increíbles, volábamos»
CDLUGO
El lateral derecho vuelve por vez primera al Ángel Carro desde su marcha
18 may 2025 . Actualizado a las 16:08 h.Eduard Campabadal Clarós (Tarragona, 1993) jugó cinco temporadas en el Club Deportivo Lugo con cinco permanencias en Segunda División. Un lateral derecho largo, fiable defensivamente, con mucha capacidad para entender el juego y un líder en el campo y fuera de él. Su Zamora CF, sexto clasificado a tres puntos de la promoción de ascenso, visita al Lugo en el estadio Ángel Carro de Lugo este sábado (19 horas, TVG2 y FEF TV).
—¿Cómo se está encontrando esta temporada en el Zamora CF?
Bien, contento. Tenemos un equipo donde individualmente somos muy buenos jugadores, que jugamos más o menos un fútbol parecido. Entonces, estoy contento de haber acabado aquí. Encima, juego prácticamente todo y llevo tres goles.
—¿Cómo es el Zamora CF como club?
—Un club cercano. Veníamos en un momento que era una tormenta porque salía el presidente que estaba, que era (Víctor de) Aldama, que lo conoce todo el mundo. Al entrar esta gente, hicieron las cosas bien desde el principio, lo que dijeron era que no querían tener ningún tipo de deuda. Entonces, partir de deuda cero e intentar formar el mejor equipo posible sin volverse locos. Acertaron bastante con los fichajes y se hizo un equipo muy, muy competitivo, muy difícil, con muy buenos jugadores a nivel individual. La temporada habla por sí sola.
—¿Cómo es Juan Sabas como entrenador?
—Es muy cercano. Él te da muchísima libertad a nivel ofensivo y eso nos viene bien a nosotros porque somos un equipo que todos más o menos jugamos con una idea parecida. Entonces, esa libertad hace que los laterales se puedan meter por dentro, que los extremos pueden recibir más abajo, Kike Márquez es diferencial para nosotros y puede moverse por toda la parte ofensiva, o también hace que jugadores como Rafa Tresaco, por ejemplo, tenga libertad para poder hacer unos contra unos.
—Siempre le ha interesado mucho la táctica. ¿Es un objetivo suyo poder entrenar a largo plazo?
—Como objetivo como tal no. Con el paso de los años me he encontrado a pocos jugadores que tengan un nivel táctico suficiente para que puedan ser entrenadores. Los que me he encontrado sí han acabado siendo entrenadores o directores deportivos. Sí que me considero que, a nivel táctico, soy una persona que analiza bien, me gusta el fútbol, me gusta verlo. Objetivo no porque también está la parte negativa de moverse constantemente. A mí también me gustaría tener un poco de estabilidad con mi pareja. Entonces, no sé hasta qué punto es un objetivo, pero sí me gustaría hacer alguna cosa en categorías inferiores donde esté viviendo.
—¿Cómo es reencontrarse en el Zamora con José Carlos Ramírez, ex compañero suyo en el Lugo?
—Hablamos antes de su llegada porque yo ya había fichado. El club me comunicó que había el objetivo también de dar un poco de empaque después de lo que había pasado con (Víctor de) Aldama y con la salida y venta del club. Fue algo positivo que viniese José Carlos. Yo pude hablar con él, pude hablar con Kike (Márquez), pude hablar con varios. José Carlos me decía que lo llevaba pasando mal dos años seguidos. Yo le dije que no iba a haber problema, que se iban a hacer las cosas bien, le dije que lo que había visto entrenando aquí era que teníamos buenos jugadores. Le dije que se viniese, que lo íbamos a pasar bien esta temporada.
—¿Y con Pablo Clavería, con el que también jugó media temporada en el Lugo?
—Sí, coincidí cuatro meses, pero la verdad es que muy bien. Tenía muy buena relación. Nuestras parejas se llevaban y se llevan muy bien. Es agradable volver a jugar con él. Año a año hemos afianzado más la relación y somos ya más que compañeros.
—¿Qué destacaría de Pablo Clavería a nivel táctico?
—Pues justamente eso, que tácticamente es un jugador listo, sabe posicionarse, sabe dónde debe jugarse más, dónde jugar menos. Luego tiene ese punto de llegador cuando tiene un pivote defensivo que le pueda llegar a resguardar la posición. Tiene capacidad para marcar goles desde media distancia. Sabe recuperar balones y, sobre todo, esa capacidad para poder llegar al área contraria que pocos tienen.
—¿Con José Carlos Ramírez se entiende especialmente bien en la salida de balón?
—Sí. Él tiene muy buen juego corto, medio y largo. Desde su zona hacia la mía, a mí que me gusta ser ofensivo, muchas veces simplemente con mirarnos ya sabemos que me va a tirar el balón. Hablamos un mismo lenguaje varios del equipo y eso es positivo. José Carlos está haciendo una buena temporada, ha mejorado también a nivel de choque con respecto a su etapa en el Lugo, sabe competir contra rivales más poderosos que él físicamente. Ha dado un salto de calidad. La salida de balón ya la tenía por aquel entonces en el Lugo y eso se añade a lo que está haciendo esta temporada.
—¿Qué opinión y referencias tiene del Lugo actual?
—Ofensivamente son buenos jugadores, individualmente pueden hacer daño, pero han sufrido bastante en defensa por lo que he llegado a ver. No han llegado a tener esa seguridad desde atrás, desde la portería, donde siempre ha habido cambios constantes y eso también perjudica al equipo. Esa inseguridad es la que les lleva a estar ahora mismo donde están porque cuando llegan a tres cuartos pueden hacer daño, tienen extremos buenos. Ahora se añade también Jerry (Afriyie). A nivel defensivo han sufrido muchísimo. Desde aquí decirle a Jon Cabo que se recupere lo mejor posible, yo he pasado por eso y sé cómo se pasa. Por tanto, ánimo. Jon era uno de los jugadores más destacados en ataque.
—¿Qué jugadores le gustan especialmente?
—Tanto (Bryan) Mendoza como Jerry (Afriyie) son capaces de generar mucho en ataque.
—¿Qué cree que va sentir al jugar por primera vez como rival en el estadio Ángel Carro desde su marcha del Lugo?
—Me voy a sentir bien, voy a sentir felicidad de volver a la que fue mi casa, en Lugo me he sentido muy querido y he querido mucho al club y a la ciudad. Va a ser muy positivo. Me va a gustar volver. Voy a ir el viernes y voy a intentar dar un paseo para saludar a la gente que tenía por ahí.
—¿Qué balance hace de su etapa en el Lugo?
—Estuve en la mejor época posible. Empezamos con Francisco (Rodríguez), era algo diferente, el grupo era espectacular, jugadores más veteranos estaban en nuestro prime y eran jugadores que ayudaban a jugadores jóvenes que sabíamos que teníamos mucha hambre y muchas posibilidades. Entonces, fue una concordancia de las dos cosas donde todo cuadró y donde Francisco fue uno de los mejores entrenadores que tuve nunca. Los primeros seis meses fueron increíbles, volábamos sobre el campo. Después, se fueron creando equipos donde luchamos por mantenernos, pero se hizo bastante bien. Algunas permanencias fueron muy positivas, pero como etapa en un club fue la más positiva que tuve. El Lugo ha estado once temporadas seguidas en Segunda y yo he estado en cinco de ellas. ¡Entonces, imagínate el recuerdo que puedo llegar a tener!
—¿Qué entrenadores le inspiraron más?
—Francisco (Rodríguez) fue el que más. Después ya fue muy complicado porque ya sabes que cuando echan a un entrenador a los tres, cuatro o seis meses no acaban nunca de trabajar al cien por cien y a gusto. Entonces, tampoco te pueden dejar esa huella que te deja Francisco, pero si tengo que decir uno es Mehdi Nafti. Con Mehdi éramos un equipo donde individualmente teníamos virtudes, pero arriba éramos sobre todo jugadores muy despistados, jugadores que trabajando les costaba mucho. Mehdi activó al equipo, le metió un adn competitivo que no tenía. También Rubén Albés es muy bueno, pero te tengo que decir a que nivel personal conectábamos mucho al principio, pero se fue menguando la relación, fue algo más complicado, pero es muy bueno táctica y competitivamente.
—¿Con qué compañeros le gustó más jugar y entrenar?
—Jugar y entrenar son cuestiones diferentes, eh (se ríe). Yo me entendía muy bien con Cristian Herrera, era técnicamente muy dotado, tenía muy buenos dos metros, cuando jugaba en banda se metía por dentro y me daba el carril para poder subir. También Gerard (Valentín), que era muy diferencial en ataque y defensivamente le costaba muchísimo, le costaba conectarse, le costaba pensar tácticamente. Yo le aportaba esa parte que le costaba tantísimo y nos compenetrábamos muy bien. (Fernando) Seoane fue el que más me sorprendió. (Carlos) Pita era el mejor con diferencia a nivel técnico, pero Seoane era completo en todo. En cuanto a laterales, a (Vasyl) Kravets, fue el mejor lateral izquierdo que he tenido, era súper completo, era muy potente, le costaba defender, pero le daba igual porque defensivamente era capaz de recuperar con su velocidad, tiene mucha calidad, es uno de los que mejor recuerdo tengo.
—¿Qué partidos destaca de su etapa en el Lugo?
—Sin duda el partido en el estadio del Rayo Vallecano en la última jornada en mi última temporada. Fue un cúmulo de todo. Nos enfrentábamos al mejor equipo de la segunda vuelta y no habían perdido en casa. Era imposible ganar allí y ganamos. Ganamos por sufrimiento, por saber competir y ganar era la única manera de salvarnos. Es el partido que más recuerdo. Y luego lamentablemente contra el Rayo Vallecano en casa en mi primera temporada cuando me lesioné. Recuerdo que tenía varias ofertas de Primera División y la lesión me trastocó todos los planes, pero me hizo ver que la vida son muchas cosas y depende solo de ti. Tengo un recuerdo amargo de la lesión, pero de la que saco cosas positivas.
—¿Cree que aquel Lugo pudo competir por el ascenso si usted no se lesiona y no se produce la venta de Ignasi Miquel semanas antes?
—Sí, porque teníamos, por así decirlo, 13 jugadores de un nivel muy, muy alto y acompañado por un entrenador excepcional. Hubiésemos competido hasta el final, pero también es cierto que en navidad se hubiesen ido dos o tres jugadores también. Entonces, era muy complicado mantener eso. También se lesionó (Francisco) Fydriszewski. Fue un cúmulo de mala suerte, pero sí hubiésemos competido hasta el final y, al menos, seguro que hubiésemos hecho play-off.
—Usted coincidió entrenando con Pablo Cacharrón. ¿Cómo analiza su evolución desde entonces?
—Veo que no ha evolucionado todo lo que por potencial puede llegar, con 20 años que tenía por aquel entonces. Con 20 años ya era muy rápido bajo palos, muy potente, muy bien con los pies, le costaba algo más por arriba, pero son aspectos que vas adquiriendo con el paso de los años. Es un portero muy válido, pero en el fútbol no solo depende de tu capacidad, también depende de los equipos donde te toque jugar. Él va a Pontevedra por estar seguramente cerca de casa, asciende y luego desciende. Entonces, tu estatus se ve perjudicado por esa situación. Ahora debería haber jugado muchísimo más esta temporada en el Lugo. Cuando ha jugado no ha estado para nada mal, pero ha tenido que lidiar también con entrenadores que han confiado más en otro jugador que en él. Entonces, también tenemos que mirar por qué. Es un portero muy, muy válido.
—¿Cómo se encontró en Lugo como ciudad?
—Increíblemente bien en Lugo. La gente me quiso mucho desde el minuto uno. Yo siempre respondí, intenté siempre dar todo y la afición me lo agradeció. Es una ciudad muy cómoda. Viví siempre en la muralla. Sin duda, es la mejor zona que tiene Lugo. Ahí puedes crear tu pequeña vida y estaba súper contento. Tenía a mi mujer a dos horas, venía los fines de semana y yo podía ir también algunas veces a Asturias. Entonces, era todo muy ideal para mí. Mis padres estaban encantados con Lugo por el cariño que recibía. Teníamos el "Lubre" como restaurante. Parece una tontería, pero que tengas un sitio donde seis, siete u ocho del equipo vayan todos los días a comer, que nos traten increíblemente, que comas bien, que te puedan cuidar es muy importante porque ya con 28 o 30 años ya eres capaz de hacer muchas cosas, pero cuando tienes 22 te cuesta muchísimo más. Entonces, tener ese apoyo fue muy importante para mí y para mis compañeros. Lugo es una ciudad donde se vive muy a gusto y, como dicen, si te das una vuelta por la muralla te quieres quedar para siempre. Incluso hace un mes me encontré a gente de Lugo en un pueblo de Zamora y me trataron de forma increíble. El recuerdo que tengo de Lugo es excepcional.
—¿Con algún director deportivo tuvo más identificación?
—No soy muy de hablar con directores deportivos. Tú dependes de esa persona, te evalúa, influye que le cuadres a nivel deportivo, a nivel personal y en temas de sueldo,. Crear un vínculo con este tipo de personas es muy difícil para mí como jugador. Entonces, tampoco he tenido nunca ningún director deportivo con el que haya tenido más relación de la simplemente profesional, a lo mejor quitando que cuando fui a Linares, por la situación en la que estaba, tengo una relación mejor con (Carlos) Hita, pero más allá de él no hay ningún director deportivo con el que yo haya tenido un feeling especial.
—¿Con qué momentos y personas se queda de su etapa en el fútbol base del Barça?
—(Gerard) Deulofeu era el más diferencial, no he visto cambio de ritmo así en mi vida, no solo el cambio de ritmo, conducía y jugaba bien y rápido, que es lo más difícil en el fútbol. Fue el más diferencial que yo haya podido ver allí. El pobre tuvo muy mala suerte con las lesiones. Luego, Rafinha (Alcántara) es un jugador con una calidad diferente, se le veía diferente. Otro con el que me quedo es con Javier Espinosa. Hay otros jugadores como Sergi Gómez que llegaron a estar mucho más arriba, pero Espinosa era increíble por su velocidad en la conducción, saltaba líneas de presión, tenía calidad, tenía capacidad para llegar a portería contraria. Fue el que más me sorprendió como jugador. Y luego fíjate que ya no vale eso, sino que para llegar arriba no solo vale con ser el mejor.
—¿Qué supuso para usted formarse en el Barça?
—Pues prácticamente el entendimiento que tengo hoy en día del juego viene todo por allí. Sí que en mi casa siempre se ha respirado fútbol porque mi padre es futbolero, tiene conocimientos ya no solo de persona de barra de bar, sino conocimientos más extensos de fútbol y con eso he ido creciendo mientras iba jugando. En el Barça te hacen pensar, no tienes que correr todo el rato, tienes que pensar más que correr y eso hace que seas capaz de analizar equipos rivales mientras eres jugador, que seas capaz de analizar puntos débiles, puntos fuertes, que te estés dando cuenta que a lo mejor el rival está muy avanzado y tengas que picar a la espalda o tengas que tirar el balón a la espalda o al revés, que ellos están teniendo más la iniciativa y tendrás que atraerlos para poder crear esos espacios. El Barça te hace mejorar muchísimo. Luego a nivel técnico mejoras porque estás constantemente con los mejores de tu edad en el día a día. Entonces, o mejoras técnicamente o te quedas en el camino, eso es así. Esa exigencia diaria hace que crezcas como futbolista y hace que tengas unos conocimientos que en otras canteras no te lo hacen vivir.
—Jugó en el Wigan Athletic y debutó en la Premier League. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?
—La experiencia es brutal. Me fui de mi casa con 18 años. Mis padres obviamente me dijeron que era mi vida, mi decisión y que ellos me apoyarían en ella. Me dijeron que ellos tampoco es que quisieran que viviera del fútbol, es la realidad. Ellos siempre me dijeron que su prioridad era que yo estudiase, se lo agradezco, pero esta experiencia es para abrirte los ojos. Además, yo llegué a un club que hacía muy bien las cosas desde el principio, desde la base. Por eso llevaba tantos años en Premier League y con la baza de un entrenador que me quería, que era Roberto Martínez, que me ayudó, que me apoyó. Al principio estuve en el equipo reserva durante tres meses, pero después de esos tres meses entrenaba todo los días con el primer equipo, iba convocado con ellos, viví lo que que era la élite del fútbol, lo que es la élite realmente. Esa experiencia me hizo crecer como futbolista, pero sobre todo como persona. Te hace endurecerte, te hace ver que hay gente muy, muy buena y que está en el Wigan. Yo venía del Barca. Entonces, te das cuenta que llegar ya más arriba o más abajo también depende de momentos que tengas en tu vida y me hizo ver lo que era más allá de lo que es la burbuja del Barça. Solo fue una temporada, me dijeron de seguir y no seguí porque Roberto se fue. Entonces, creí que mi etapa ya había terminado porque yo necesitaba alguien que me apoyase, alguien que confiase en mí, no que viniese luego el típico entrenador inglés que si eres de fuera no vales absolutamente nada. Estoy contento por todo lo que viví y tengo la espinita clavada porque sabía que si me hubiese quedado allí, si Roberto no se hubiese ido, incluso bajando a segunda división, hubiese tenido muchísimas oportunidades y hubiese podido hacer bastante carrera allí.
—¿Qué destaca de Roberto Martínez desde el punto de vista conceptual, de su idea de juego y de su día a día?
—Yo venía del Barça. Me quedo con su concepto y es prácticamente lo mismo. Él llevaba mucho tiempo estudiando al Barça, era el Barça de (Pep) Guardiola, él hablaba mucho con Pep. Fue el primer entrenador que me hizo jugar con defensa de cinco. Te enseñaba los momentos en los que tenías que saltar, los momentos que no saltar a la presión en función del rival. Es muy buen entrenador tácticamente. Es la misma filosofía que yo había mamado toda la vida con el factor diferencial de un sistema de juego diferente que te hace pensar de manera diferente y actuar de manera diferente. En aquel momento, además, a mí me iba muy bien porque yo tenía mucha potencia, era muy joven por aquel entonces para jugar de carrilero y me iba como anillo al dedo. Entonces, me gustó mucho. Los inputs que te daba eran prácticamente muy parecidos a lo que es el juego posicional del Barça, pero con el matiz de jugar de manera diferente porque él está en un equipo que no va a ser dominante en todos los partidos. Entonces, necesitaba también resguardarse y la manera era así. Me tocaba ser carrilero, actuaba a veces de extremo y a veces de lateral. Eso te hace mejorar tanto de una manera como de otra, tanto ofensiva como defensivamente porque si saltaba el carrilero contrario a su lateral derecho, tú como carrilero tenías que cerrar masivamente para crear la línea de cuatro porque, si no, dejas muchos espacios. Esos conceptos hacen que mejores individualmente.
—¿Qué momentos y situaciones destaca de su etapa en el Córdoba CF con un ascenso a Primera y una temporada en máxima categoría?
—Córdoba fue el mejor año de mi vida, ya no te hablo a nivel futbolístico, obviamente no a nivel futbolístico porque realmente no fui alguien importante en el equipo que asciende. Dentro sí lo fui, la gente me acogió increíblemente desde el principio. Yo tenía 20 años y la mayoría tenía 30 años. Fue, por así decirlo, una fiesta a diario. Nosotros entrenábamos muy bien, pero luego quedábamos 18 jugadores del equipo fuera del campo. Estábamos unidos todos los días. Íbamos a tomar algo, íbamos al cine. Éramos una familia. Es la sensación que tienes cuando sales de allí. Vivir el ascenso, al ser una familia, fue algo que nos unió a todos. Cada vez que nos vemos después de tanto tiempo y coincides con alguno es una sensación de compañeros de diferentes estatus, de decir que lo que vivimos allí es algo que nos ha unido para siempre. Eso nunca nos lo quitarán. Personalmente fue el mejor año de mi vida. A nivel profesional sufrí porque al principio estuve muchas jornadas sin convocar y llegué incluso a llorar, que sepa la gente que se pasa muy mal cuando no confían en ti. Era normal. Tenía 20 años y venía nuevo. Fue también aprendizaje.
—¿De los partidos que jugó en Primera destaca el partido en el nuevo San Mamés por ser la primera temporada del nuevo estadio y en el Camp Nou por su pasado en el Barça?
—Sí, en el nuevo San Mamés, nuestra primera victoria y contra un equipo hecho para jugar la Champions. Es un recuerdo increíble. El más especial fue el Camp Nou, fue diferente, tenía mucha gente en la grada. Esa temporada fue un premio para mí. Me dijeron de renovar y que si no renovaba no jugaría. Tienes que ver que esto también es tu vida, no es solo en ese momento, sino que es toda tu vida. Yo no podría seguir por lo que me estaban ofreciendo. Entonces, estuve media temporada después sin poder jugar y esa también es la realidad del fútbol, te fuerzan en momentos donde saben que tú no puedes decir que no, pero te tienes que plantar porque te están ofreciendo cosas que sabes que no puedes coger. Los primeros seis meses fueron muy buenos, pude jugar la mayoría de partidos en la primera vuelta y la segunda vuelta, en cambio, fue saber también de qué están hechos el fútbol y los directos deportivos. Por eso te comento que me es muy difícil tener una relación diferente con directores deportivos.