Cuando llegan los últimos días de enero, todo se tambalea. Nadie se fía de nadie, la caza está servida. La noche del 31 de enero, es como la de los reyes magos para algunos o puede ser al revés para otros. Los modestos, los que tienen más que perder, están esperando que pasen las horas, que pasen los minutos y, sobre todo, que no pase nada. Porque si algo pasa, no va a ser bueno. Te van a llevar a tu jugador franquicia, pagando la clausula eso sí, pero sin tiempo para reaccionar. Te encuentras con dinero, sin jugador y sin posibilidad de remplazo. Desde que inventaron las ventanas de fichajes, las hemos visto de todos los colores. La más recordada fue la de dos super equipos y un fax que llegó fuera de plazo a las 00:32h. Como el estudiante que deja todo para el último día y la suerte cobra especial protagonismo. No digo que no haya cuestiones que meditar durante este tiempo pero que muchas de las operaciones se produzcan la misma tarde del 31 de enero e incluso en las dos últimas horas cuando todo el mundo está ya cenado, viendo su programa de prime-time favorito o incluso con un pie en la cama, hace reflexionar hasta donde hemos llegado. Porque luego empiezas a calcular, que una operación que hace el Manchester City o el Liverpool, al cabo de horas la ves relacionada con una que realiza hasta nuestro querido Lugo. Todo es un efecto dominó. El City con el Everton, este con el Villarreal, este con Osasuna, Osasuna con Valladolid, Valladolid con Huesca, Huesca con Lugo y Lugo con Sarriana. Todos en una tarde, buscando su Rey Mago. Y si te va bien el último partido, el 31 lo ves sentado en una terraza, relajado, con el regusto de los tres puntos y viendo los toros desde la barrera, pero si pierdes, las dudas llegan y esa misma tarde ya no es de terraza, es de desesperación buscando entre la inmensidad de las ofertas, esa prenda que te quede lo mejor posible, que no sea muy cara y que te dé para llegar a mayo enterita.
Una victoria por inercia
En el césped, no fue el mejor partido rojiblanco. Una primera parte difusa, con balón, pero por momentos donde quería el Burgos que lo tuviera. Sin determinar si la cosa iba de combinar o directo, si por dentro o por fuera. No es que mejorara mucho la segunda parte, hubo un tránsito de partido donde parecía que los visitantes podían creerse algo y los locales dudaban qué partido encarar. Lo solucionó Cuellar después de una concesión inesperada de los burgaleses. El equipo ganó por inercia, porque esa inercia la lleva trabajando durante muchas jornadas.