El cometido de Luis César en su segunda aventura con el Lugo

A diferencia de otras experiencias, el objetivo de la permanencia parece factible al coger al equipo a seis puntos del descenso


Lugo / La Voz

La frase ‘segundas partes nunca fueron buenas' tiene numerosos casos que ejemplifican su condición de tópico. No hay que ir muy lejos para encontrar un ejemplo claro de esto, como puede ser la desgraciada segunda parte de Fernando Vázquez al frente del Deportivo. También existen ejemplos que rompen con esta afirmación, en un ejemplo del fútbol español, Zidane volvió al banquillo del Real Madrid y volvió a proclamarse campeón. Cada caso es un mundo, con situaciones muy diversas condicionadas por una serie de factores que van desde el puesto que ocupa en la tabla el equipo, la capacidad de la plantilla o el grado de tensión interna dentro de los diversos estamentos del club.

En el caso del Lugo, Luis César parece haber encontrado un ecosistema propicio para dar esquinazo al cliché y acrecentar su fama en la entidad albivermella. El entrenador arousano triunfó en su primera etapa a orillas del Miño. En el verano de 2016 se ponía en marcha el segundo proyecto deportivo del Lugo de Saqués, que había tirado por la borda el primero con Milla y Durán. Su apuesta era la de un técnico conocedor del fútbol gallego, experto en los banquillos nacionales y con una propuesta atractiva para el espectador. Funcionó.

El Lugo estuvo esa temporada coqueteando con el play off de ascenso a Primera División, emulando la fructífera etapa de Quique Setién al frente del conjunto rojiblanco. Hasta el mes de enero, el conjunto que dirigía Luis César rondaba la quinta y sexta plaza con asiduidad, hasta que la marcha de Pedraza al Leeds, cambió la dinámica. Los goles de Joselu, que anotó 23 ese año, no fueron suficientes para conseguir la hazaña de colocar al Lugo entre los aspirantes al ascenso a la máxima categoría del fútbol nacional. Con todo, el gran trabajo del técnico y su plantilla se vio reflejado en la meritoria novena posición en la que finalizó la temporada el equipo, siendo este su mejor puesto en su historia en la categoría de plata. 55 puntos, uno menos que los obtenidos en la 12-13 a las órdenes de Setién, siendo la segunda mejor puntuación de su historia.

Aunque la historia no acabó como parecía, es decir, con un nuevo contrato para alargar sus éxitos en el club, nadie pudo superar el trabajo del de Vilagarcía, que vuelve casi cuatro años después para alcanzar unos objetivos factibles.

Panorama alentador

La labor de Luis César no es sencilla, pero si más cómoda de lo que suelen ser este tipo de transiciones, cuando un técnico llega a mita de temporada para salvar a su conjunto. Nafti dejó al Lugo a seis puntos del descenso e invicto en casa a falta de catorce jornadas. Aunque su flojo mes de febrero acercase al equipo al abismo, este todavía está a una distancia considerable, dejando la sensación de tener argumentos futbolísticos suficientes para resistir. Por tanto, en este caso, Luis César encuentra un panorama más alentador con respecto al que se topó en A Coruña, con el equipo en una situación dramática y angustiosa.

Para reverdecer viejos laureles, el primer objetivo será vencer al Fuenlabrada en casa, en la primera final para tantear el proyecto exprés de Luis César. Consciente de la falta de paciencia, perder podría suponer una losa muy difícil de levantar.

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