Cuando un proyecto planteado a tres años vista se va al garete en siete meses solamente se puede calificar con una palabra: fracaso. Así de rotundo, sin medias tintas. Evitar la inmediatez y poner la vista a más largo plazo para crecer con sólidos cimientos, eso es lo que se entiende por un proyecto.
Las primeras medidas no dejaban lugar a dudas: contratos de larga duración para las piezas clave del engranaje rojiblanco, cuerpo técnico incluido, para demostrar que no se quería escribir únicamente un capitulo insignificante y sí crear un libro con la estabilidad suficiente para que fuera un éxito.
A los siete meses todo se ha esfumado. Milla y su equipo se van a la calle, lo mismo da si han agarrado la puerta o los han invitado a salir. El equipo se queda a la deriva a mitad de singladura, sin cuerpo técnico, con un nuevo entrenador sin experiencia en la élite y con un director deportivo que ha quedado marcado. Porque la dimisión de Milla es el fracaso de Toni Otero, que por h o por b no ha sido capaz de mantenerlo al timón del barco y tiene que poner en marcha a prisa y corriendo un arriesgado plan B después de que se haya ido casi todo a la basura.
En medio del fuego cruzado del pasado en el que se vio envuelto sin culpa alguna, Milla, gustando más o menos, había conseguido hilvanar algo que tenía buena pinta. Los números no admiten discusión. Un profesional con mayúsculas con el que no se ha sido justo, maltratado a veces, que firmó junto con todo su equipo una labor notable. Hasta que le dejaron. Ni una mala palabra, ni un mal gesto.
Su cese, dimisión o como se quiera llamar es un gancho directo a la mandíbula de Saqués, máximo responsable de todas las decisiones. Ilusionante era la palabra que repitió hasta la saciedad para describir su proyecto durante en verano. Milla respondió con resultados, con un día a día de perfil bajo en el que la coherencia y la tranquilidad eran señas de identidad y una forma de ver el fútbol que seguro habría dado más dividendos a medio plazo. Todo esto supone una zozobra inoportuna e injustificada que puede convertir el gran proyecto, más bien, en proyectiño.