Inflexiones o no

Carlos Melchor AL OTRO LADO

CDLUGO

0 a 2 en el minuto diez y bajonazo general. Ese era el panorama al comienzo de la batalla contra el Oviedo. A más de uno le pasaría por la cabeza el 1 a 5 contra el Castilla del año del ascenso. Porque paralelismos había unos cuántos: sendos mazazos iniciales sin que diese tiempo a saber quién jugaba, regalo inaudito para que el rival la empuje a placer y partido muy caldeado en la previa. Muchos ingredientes comunes para terminar con decepción. Por suerte, el Lugo fue capaz de cambiar su destino y firmó el mejor partido de la temporada. Debería haber terminado en victoria para engancharse, de una vez por todas, a la zona alta.

Carácter. Es algo que se tiene o no se tiene. No hay medias tintas en un aspecto poco entrenable. El Lugo ha demostrado que va sobrado de ello en situaciones de elevada complejidad. ¿Puede ser el partido del Oviedo un punto de inflexión a todos los niveles? Ojalá, tanto en el campo, como, sobre todo, en la grada. Hacía mucho tiempo que no se lograba ese grado de comunión entre afición y equipo, a base de descargas de adrenalina tras cada oleada ofensiva que sitió por completo a los orgullosos ovetenses. Buen juego, intensidad, amor propio y remontada casi culminada que puso a 4.000 -¿o eran 5.000?- personas al borde del éxtasis. No estaría de más que alguien explicase ese baile de cifras en la asistencia del sábado. La seriedad también se mide en este tipo de detalles.

Y hablando de déjà vus, uno recuerda el mediocre partido firmado la pasada temporada en Llagostera. Uno de esos encuentros insípidos y planos firmados con frecuencia a domicilio. Bien es cierto que el equipo catalán andaba mucho mejor que ahora, hundido en la clasificación y sin conocer la victoria desde noviembre. El típico escenario en el que el Lugo suele ser la mejor medicina para el moribundo. No hay excusas para sacar tres puntos que rompan la racha de empates. A este Lugo se le debe exigir más.