Obra redonda

Millán Gómez SAQUE DE ESQUINA

CDLUGO

Cada partido del Club Deportivo Lugo en el Ángel Carro es un disfrute. El equipo dibujó, quizás, su actuación más completa. Con posesión, verticalidad y llegadas. Pluralidad de conceptos. Sin sufrir apenas en defensa, salvo a balón parado y disparos lejanos. Excesivamente plana la Ponferradina como visitante.

Los lucenses fueron superiores mayoritariamente. Carlos Pita, de nuevo en la demarcación de antaño como pivote, y David López como maestros de ceremonias iniciando jugada. Antonio Campillo no luce, pero trabaja a destajo. Y suyo fue el homenaje a Michael Laudrup en la asistencia del 3-1. Definición de Pablo Caballero con su pierna no natural, lo que confirma su técnica. En tres cuartos, elevación de la marcha. Más juego directo en ese tramo y castigando el error ajeno. Allí, Manu, David Ferreiro y Jonathan Pereira se compenetraron y fueron un incordio continuo con descaro, movimientos y primeros toques. José Juan neutralizó intervalos delicados con un paradón a Álvaro Antón -qué clase tiene- después del 0-1 y otro a Vullent Basha tras el sensacional y coral 2-1. David de Coz completó una función solvente cerrando su banda, superando líneas con sus pases y creando superioridades en las ofensivas. Pau Cendrós cumplió como central sin mayor conflicto.

El «mago» David López volvió a destapar el tarro de las esencias. Además de su habitual ayuda al sacar la pelota, incrustándose incluso entre los centrales, escribió poesía en el 1-1 y 2-1: escandalosa su apertura a banda a Manu con precisión milimétrica en el primer gol y generación del espacio cayendo a banda con taconazo artístico en el segundo. Deberíamos pellizcarnos al poder disfrutarlo desde hace diecisiete meses. Yo lo hago.

Y el gesto de Lolo Pavón. Marcó el tercer gol de su carrera. La temporada pasada, aportó uno vinculante en uno de los triunfos más prestigiosos de la historia del club. Pese a las pulsaciones de competir al máximo nivel y no estar acostumbrado a anotar tantos, no celebró la diana y pidió disculpas, lo que demuestra señorío, bondad y respeto. Chapeau.