Un punto que suma

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

A falta de pan, buenas son tortas, reza el refranero. Las tortas que sacó este alicaído Lugo, marcado por una crisis institucional sin precedentes, con su técnico encabezando la depresión que padecen él y su plantilla por los sucesivos acontecimientos derivados de esa guerra civil por el poder, casi hay que considerarlo como un buen resultado frente a una de sus bestias negras. Un punto a estas alturas y ante el Alcorcón, pensando solo en lo factible al alcance después de las dos últimas derrotas a domicilio, que no es otra cosa que la permanencia, al menos rompe la racha de derrotas con los alfareros y acerca al equipo a su objetivo. Sin consumar, por supuesto, para lo que tendrá que seguir compitiendo al máximo. Tampoco hay que olvidar el antagonismo de los conceptos entre Setién y Bordalás y su consabida guerra verbal. En el fondo hay que reconocer que un equipo aguerrido como el Alcorcón, entre una mezcla de marrullería y dureza, es el peor rival al que pueda enfrentarse el equipo de Setién. Ayer no fue una excepción, y los alfareros tampoco renunciaron al ataque en la recta final, a base de velocidad por banda para buscar el centro al corazón del área, que siempre moría en córner. La estrategia es su mejor arma, y menos mal que los lucenses cerraron los espacios aéreos y terrestres con un tino infrecuente.

Al Lugo le volvió a faltar la pegada, porque sus mejores puntilleros (Pelayo y Caballero) siguen lesionados. Ferreiro sucumbió en dos mano a mano con el meta, algo habitual en el ourensano, que eclipsó su buena tarde desestabilizadora. Y Luis Fernández e Iriome fallaron al alimón el gol en un perfecto centro del propio Ferreiro. El Alcorcón amenazó de lejos con disparos potentes, ganando los balones de segunda jugada, pero no estuvo acertado. Vistas las circunstancias, este punto es importante porque suma y acerca el objetivo. Otra cosa, es cuando un empate no resuelve nada y solo tiene sabor a derrota.

Los cánticos anti Saqués volvieron a sonar desde la grada norte, como música para su destinatario. Al que Bouso, en su despedida, le envió un recadito a modo de legado: «Le ruego a mi sucesor, algo sagrado: que si recauda ocho, solo gaste seis».