Disoluciones y objeciones

Carlos Melchor AL OTRO LADO

CDLUGO

Cada temporada, se suele repetir el mismo caso: uno o dos jugadores de cualquier plantel van perdiendo peso en el equipo con el paso del tiempo, hasta casi desaparecer. Pocos se acuerdan de ellos, apenas se les ve en el campo. Sin razón evidente, ni lesión de por medio, simplemente ya no gozan de la confianza del entrenador. El dejarse ver en algún calentamiento intrascendente en las segundas partes, sirve para refrescar la memoria de los que están más cerca.

Iago Díaz se encuentra en esta tesitura. De ser indiscutible en el primer tercio de competición a ser carne de banquillo o grada en los últimos dos meses. Él es uno de los grandes perjudicados del exceso de jugadores de banda y de la pugna que hay en la larga plantilla de este año.

Juzgar el rendimiento de un canterano no es tarea fácil. Si ya de por sí es complejo encontrar a dos aficionados que vean lo mismo en un jugador aleatorio, más aun lo es con los que portan el sello «de casa». El aspecto sentimental anula cualquier intento de objetividad. Están los que enarbolan la bandera, a veces utópica, del fútbol de cantera. Es muy bonito soñar con gente solo de la casa, pero en el fútbol global y súper competitivo que nos ocupa, es hartamente improbable. Cualquier error, por grosero y repetido que sea, no es tenido en cuenta. Son protectores en exceso y es frecuente su enfrentamiento con los extremistas que atacan a la raza autóctona sin ton ni son. Por el mero hecho de ser locales, no se les perdona lo mismo que a los que vienen de otro punto de la península. Son de gatillo fácil. Tan malo es el paternalismo de unos como la negación de los otros.

Hay que reconocer el salto cualitativo que Iago Díaz ha dado esta temporada. Físicamente ha mejorado mucho, sabe leer con más clarividencia los partidos y está cogiendo cuajo y rigor táctico. Empieza a conocer el oficio, que no es poco. Su comienzo de campaña fue destacado, ya que se convirtió durante unos meses en referente. Por desgracia, en una plantilla profesional con 25 fichas, la competencia es extrema y los minutos son de oro. No queda otra que seguir picando piedra en busca de El Dorado. Seas de Lugo o de Santander.