La historia suele ofrecer un magnetismo o fidelidad con sus antecedentes. Los que el Las Palmas tenía en sus dos últimas visitas en la Liga Adelante al Anxo Carro hablaban de sendas derrotas. Para que la tercera se consumase hacía falta una conjura astral. A saber, la que se produjo en la matinal de ayer en el cuidado césped de A Cheda: un penalti a favor que solo vio el árbitro; el fallo del ejecutor Pita fue enmendado por Iriome recogiendo listo el rechace; dos goles anulados por fuera de juego justamente al equipo canario en la primera parte; máxima rentabilidad en el remate en la asignatura pendiente del gol, en la mejor jugada del Lugo en todo el partido, rubricada por el propio Iriome; y ya no digamos la fortuna del último cuarto de hora, en el acoso y derribo sobre el portal de un inspirado Dani Mallo (salvo en una salida en falso en un córner), que abortó tres balones de gol a bocajarro, remates que rozaron la madera increíblemente y un poste que vomitó un disparo de Viera que se colaba. Una pesadilla que concluyó con un afortunado triunfo, que el fútbol quizás se lo debiese al Lugo, pero que se lo amortizó el día que más lejos lo tuvo.
Por eso, en esa conjunción astral, se conjugaron milagro y épica y a ellos se encomendó el Lugo, frente al mejor rival que tuvo enfrente y que mostró sus galas de líder. Solo un fallo condenó al equipo de Herrera: su soberbia, después de pasearse por el campo en el primer tiempo y dejar a su rival sin capacidad de respuesta para acercarse a Casto. Setién renunció a su estilo y montó dos líneas de cuatro por delante de Dani Mallo, con Pita incrustado en medio, y Lolo Plá de llanero solitario. No pudo lograr su objetivo de no encajar, porque Nauzet deshizo el muro con su magistral especialidad en las faltas. Y al Lugo tampoco se le puede despreciar. Los lucenses se encontraron con el regalo del penalti. Faltaba Manu, y el dubitativo Pita lo falló, pero Iriome remachó el rechace. Todo como al principio. Como un resorte, con Toni desahogando la salida del balón hacia arriba, el Lugo pasó a recuperar parte de la posesión perdida en el primer tiempo y se sacudió el dominio latente hasta entonces. El Lugo acabó renunciando a los laterales y jugando con cuatro centrales atrás, lo que le permitió al equipo canario encontrar dos autopistas por las bandas, por donde llegó cómo y cuándo quiso el líder en el último cuarto de hora, donde solo el milagro le libró de otra derrota. Como, además, Fernando Seoane sigue empecinado en dejarse robar la cartera en lugar de diligenciar la salida del cuero, los lucenses volvieron a las andadas y a punto estuvieron de prolongar su interminable racha negativa. Menos mal.