Como bien recordaba anteayer Murillo, el Lugo consiguió en el Mini Estadi la primera victoria a domicilio desde enero. Nueve meses para un parto dificultoso en forma de tres puntos contra el talentoso filial barcelonista que fortalece notablemente la situación clasificatoria. Y como recordarán los buenos aficionados, aquella victoria como visitante en Soria fue algo más parecido a un milagro en forma de astros alineados: un solo tiro a puerta, gol en el descuento, apagón en Los Pajaritos y marcha atrás del colegiado, linier mediante, en su decisión de pitar penalti y expulsión por una supuesta mano en boca de gol de Rennella.
Siete jornadas, una derrota y cinco partidos con la puerta a cero. Es decir, el que quiera ganarle al Lugo, tiene que picar mucha piedra. Una buena noticia que maximiza escandalosamente los seis goles a favor en lo que va de competición y que calca el arranque de la pasada temporada. Olvidándonos de espejismos clasificatorios o de baches transitorios, el rasgo que mejor define la trayectoria rojiblanca en Segunda es la constancia. Como la hormiga que va guardando alimento para el duro invierno, el granero de puntos se va llenando sin prisa pero sin pausa, un flujo continuo sin grandes rachas ganadoras, pero con ausencia de crisis profundas que incomoden demasiado a la afición. A excepción del sector de los nerviosos, eternos negativos para los que un empate es sinónimo de perder puntos. Esos mismos se olvidan de que el cemento de la solidez precisamente es aportado por las X. Todo suma. Un dato para ellos: al parón de Navidad se llega con un 45% de la competición disputada y, a esas alturas, el Lugo ya tiene aproximadamente ese mismo porcentaje de puntos en el bolsillo. Todo proporcionado y estable.
El Zaragoza, próximo rival, parece que también se ha apuntado a la receta de la constancia. Con números iguales a los nuestros, se presenta como el equipo rocoso que no fue el año pasado, más cerca de la verbena dejándose pintar la cara por cualquiera que de ejercer de histórico recién descendido. Partido grande en San Froilán es sinónimo de gran juego y victoria brillante. El Murcia y, sobre todo, el Córdoba en 2013, dan fe.