El primer bolo de la pretemporada rojiblanca en Riotorto, ante una selección provincial, en un terreno de juego muy deficiente, solo dejó entrever ciertos visos de la nueva hornada que está confeccionando Carlos Mouriz para el C.D. Lugo. A la espera de cerrar el plantel (todavía a día de hoy faltan cuatro o cinco incorporaciones, desde un delantero o dos más, un media punta, un centrocampista, otro jugador de banda y hasta un hipotético lateral zurdo), lo cierto es que los bolos veraniegos tampoco son determinantes a la hora de establecer una diagnosis fiable del inmediato futuro del equipo. Algo, sin embargo, quedó claro bajo la lluvia pertinaz de este debut oficioso: hay una pareja de jugadores que pueden armar el taco, si los hados les son propicios. David Ferreiro y Jonathan Valle tuvieron la oportunidad de asociarse en el segundo tiempo, uniendo sus talentos, calidad individual, desborde, visión de juego, pase y hasta sacrificio, con un dinamismo y movilidad sorprendentes. De ellos parecen seguras las bandas, salvo mejor opinión del técnico. Insisto: fue algo más que un atisbo, sino más bien una premonición, que ojalá se confirme en el transcurso de la temporada. A la espera del regreso de Víctor Marco, la zaga, con la incorporación de Jon García, parece verse reforzada. Arriba, la llegada del burelense Luis Fernández, cedido por el Deportivo, exige una puesta al día física del jugador, con exceso de kilos. Tiene olfato de gol, pero está falto de forma. Y en esas andamos. Se busca otro delantero casado con el gol, para culminar la guinda del pastel. Que sea, incluso, primer espada. Algo hay preparado al respecto, que podría ser un auténtico bombazo. La vía de la cesión parece la más probable. Pero se está a la espera de los descartes de los primeros equipos, todos ellos de Primera. Y eso lleva tiempo y paciencia, pero también se lucha contra el reloj. Todo un rompecabezas.