El Lugo ha dejado para las tres últimas jornadas los deberes del descenso. Y eso es muy grave. ¿Cómo un equipo que no ha pisado la zona fatídica en dos temporadas consecutivas, se ve amenazado por ubicarse en ella en el epílogo del juicio final y definitivo? Dos derrotas sin marcar y con dos goles encajados (Alcorcón y Alavés), han supuesto el desplome a los puestos que preludian el abismo. Y ello se produce con un calendario hostil y definitivo, donde los fallos ya son irreversibles, así como los aciertos. «No va más», la frase lapidaria de la ruleta en la que se ha metido este Lugo irregular, capaz de ganar a los mejores y convertirse en resucitador de desahuciados. Tres balas le quedan al equipo de Setién para hacer blanco en la diana de la salvación. La primera, el próximo domingo en el Rico Pérez, a la taurina hora de las cinco de la tarde, bajo el previsible calor de castigo de la capital lucentina, y ante un Hércules colista y con pie y medio en Segunda B. ¿Arma de doble filo, frente a un equipo que quema su último cartucho salvador y ante un rival blando y amablemente asequible en las salidas? He ahí el principal talón de Aquiles de este Lugo y su escasa solvencia a domicilio en la segunda vuelta, por un desplome viajero inexplicable. ¿Ha habido y hay relajación en las salidas, incluso trasladada a los dos últimos partidos después de llegar a la teórica y falsa cifra de los cincuenta puntos salvadores? ¿Se lo han creído demasiado pronto estos chicos, incluido el propio Setién? Hay una evidencia incuestionable: el equipo tiene que recargar las pilas de la actitud para esta recta final. No hay otra, si se quieren alcanzar tres puntos, como mínimo, para evitar la tragedia. Y ello conlleva pelear cada balón como si fuese el último, cada metro de terreno y mantener la intensidad. Así el Lugo ha obtenido los mejores resultados y actuaciones, fiel a su estilo y dejando a un lado otras zarandajas. Hay que salir a morir en el Rico Pérez, como primera oportunidad de reivindicarse. Nos jugamos demasiado, porque un pueblo y una afición no pueden verse defraudados ahora, al final. Sería un suicidio.