La chispa para una explosión de fútbol

M. Pichel LUGO / LA VOZ

CDLUGO

Pablo Álvarez, pugnando por un balón anteayer.
Pablo Álvarez, pugnando por un balón anteayer. César Quian< / span>

Pablo Álvarez Interior derecho del Lugo

A cinco jornadas para finalizar la temporada regular en la Segunda División, Pablo Álvarez no podrá contar esta entre sus mejores en el fútbol profesional. Condicionado por las lesiones, no ha podido participar como seguramente le hubiese gustado en las evoluciones de un Lugo que sigue haciendo historia. Sin embargo, la grandeza del balompié permite momentos de justicia poética, y el interior derecho pudo disfrutar del suyo anteayer. Su salida al campo ante el Deportivo coincidió con los mejores momentos de los rojiblancos, que lograron igualar. Él puso la chispa para una explosión de fútbol que arrinconó al líder, alcanzando una igualada que casi supo a victoria.

Con el de anteayer, ante uno de sus ex, el Deportivo, ha disputado tan solo once partidos de los 37 que ya se han quemado. El fin de semana anterior, el fallecimiento de su padre le impidió enfrentarse a otro de sus ex, el Sporting. Había que remontarse a la jornada 28 para encontrar su última aparición. Fue el 28 de marzo, con la visita al Las Palmas, saldada con empate a cero. Jugó toda la segunda parte. Esa misma semana, preparando el siguiente encuentro, sufrió su última lesión, una rotura fibrilar.

Antes ya había tenido que recuperarse de una fractura en un pie, producida en un partido de Copa y que le hizo perderse varios meses de competición.

Ante el Dépor, Setién le dio paso en el minuto 65. Salió con hambre. Recuperó las sensaciones de jugador determinante de siempre. Le puso la chispa y el desborde que le faltaba al equipo. Generó serios quebraderos de cabeza a la zaga visitante y le dio a Rennella el 1-2. Le faltó el gol, otra de sus asignaturas pendientes del curso.