Entre neblinas y murmullos

Carlos Melchor DESDE LA GRADA

CDLUGO

Más allá de lo que suponen una nueva derrota y el pírrico punto obtenido sobre los últimos 15 disputados, quizás el foco habría que ponerlo en las sensaciones y en algunas imágenes que deparó el partido contra el Hércules. Por primera vez se vio a un Lugo desarbolado, sin rumbo, impotente después de que el equipo visitante se pusiese con un cómodo 0 a 2 en el marcador. Los nervios provocaban pérdidas incomprensibles, balones que hace un mes eran sencillos se convertían en algo peor que una emboscada. Idéntico panorama se palpaba en la grada. Por primera vez después de muchos meses, se pudo volver a escuchar en el Anxo Carro ese runrún incómodo, típico de cuando las cosas no van bien. Un ruido persistente y muy contagioso que se ceba con algunos jugadores, provocando un aumento de la inseguridad dentro de la cancha. Incluso se pudieron percibir reproches de una minoría a intocables como Pita, Manu o Setién, que no por numerosos comienzan a ser preocupantes por la tendencia que pueden crear. Con este baño de realidad es de suponer que la vista se fije de nuevo en la distancia sobre los puestos de descenso, algo que nunca se debió dejar de lado. Y esa misma realidad dicta tres cuestiones: que la pasada campaña a estas alturas de campeonato el Lugo tenía 26 puntos, exactamente los mismos que esta; que el bajón de resultados coincide con la ausencia por lesión del jugador más desequilibrante de la plantilla, y que esta temporada no hay ningún Xerez o Racing abandonado a su suerte a los que se le pueda ganar fácil.

Quizás lo más triste de todo es que a estas alturas de la película aún exista algún aficionado que critica el estilo de juego por no ser más directo. El vulgar patadón todavía es jaleado por unos pocos que afortunadamente están en peligro de extinción. En todo caso, bueno sería que todos nos concienciásemos de que la primavera para el Lugo se acabó. El crudo invierno futbolístico es la realidad que toca afrontar.