Ni el mal de altura

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

22 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El triunfo del Toralín le ha dado un plus de credibilidad a la trayectoria del Lugo, en pleno ecuador de su particular cuesta de noviembre. La densidad de un calendario que amenazaba con derribar a los lucenses, por el número de encopetados rivales que asomaban en cascada, se ha trocado en una travesía en la que el oleaje competencial mantiene a flote a la nave lucense. Se está demostrando, por ahora, que el mal de altura apenas afecta a los hombres de Setién. Ni las bajas importantes de Rennella y Pablo Álvarez interfieren en los buenos resultados. El Lugo mantiene una más que aceptable velocidad de crucero en las alturas de la tabla, y demuestra que el peso específico del bloque sigue primando sobre las individualidades en rendimiento y resultados. Que esa disyuntiva prevalezca sobra las demás, es primordial para el devenir del conjunto lucense. Si, además, se ha fortalecido el sistema defensivo con un cierre de espacios más intensivo que el de precedentes campañas, se habrá obtenido el mejor refuerzo táctico para el futuro del equipo.

Otra cosa es regularizar esta situación. Ahí radica la clave de un futuro más ambicioso que la simple permanencia (objetivo prioritario). No descolgarse de los puestos de arriba sería la mejor noticia para tener todas las expectativas abiertas. Para impedirlo, llega otro miura al Ángel Carro. El viejo Sporting no ofrece a domicilio sus mejores resultados, pero por tradición y potencial está llamado a ser recibido con todos los respetos y precauciones. No será una mareona masiva la que le acompañe, por mor de la crisis y la TV, pero sí tendrá la sonoridad suficiente para que sus decibelios no dejen huérfano a su equipo. La inescrutable mente de Setién nos deja con la mente en blanco sobre las posibilidades de la reaparición parcial o total del recuperado Rennella. O si prefiere dejarlo para el derbi de Riazor. Sea como fuere, un duelo apasionante está servido para la matinal del domingo, donde la afición lucense tiene el sagrado deber de acudir en masa.