Tras 8 meses y 3 visitas de representantes de la Xunta con más o menos fotos, las obras para cubrir las zonas de general de la grada de Preferencia se encuentran prontas a comenzar. En estos tiempos de duros recortes en los que las inversiones en infraestructuras son escasas, esta actuación en el estadio Anxo Carro no puede ser más que bienvenida. Pero llega tarde. Muy tarde. Tanto en tiempos como en formas. Basta con echar un ojo para comprobar cómo en los últimos tiempos han proliferado por Galicia instalaciones deportivas a todo lujo y fuera de toda lógica. Era la época en la que éramos ricos. Es evidente que el estadio no recibió de su dueño tantas atenciones ni cuidados hasta convertirse en vetusto, descuidado y permanentemente agraviado. Y aún podía estar en peor estado si el Lugo no hubiese asumido en solitario el resto de las mejoras que luce en la actualidad.
El 16 de enero de este año, el secretario xeral para o Deporte acudió a Lugo para presentar la reforma. El 18 de junio regresó acompañado por el Vicepresidente de la Xunta para anunciar, por si no nos acordábamos, nuevamente la obra. Por fin, el pasado jueves fueron confirmadas el inicio de las actuaciones. Es de sobra conocido como son de farragosos los procesos burocráticos de adjudicación de obras por parte de la administración, pero el aficionado lucense hubiese agradecido algo más de sensibilidad y cariño teniendo en cuenta los antecedentes. ¿Qué se les diría a los socios de esas zonas que abonaron el importe íntegro del carné si se hubieran mojado? Idéntico caso es el de la renovación del césped del campo municipal de O Ceao, imprescindible para los entrenamientos de un equipo de élite. Como dijo Setién con sorna «las excavadoras se están desplazando, quizás lentamente, y seguro que en cualquier momento llegan». Si es que las cosas de palacio?