El gol de Tonetto en Guadalajara cerró la penúltima jornada de una apasionante Liga para dos recién ascendidos, aunque el equipo alcarreño tenga un año más de antigüedad en la categoría. El triunfo del Lugo tiene un sabor especial, pese a la intrascendencia deportiva del evento para ambos rivales. Y lo tiene porque, por vez primera en su historia, obtiene el visado de la salvación con holgura. El puesto número 11, representa una equidistancia con los dos extremos de la tabla clasificatoria. Una campaña deportiva que la hubiera firmado de antemano el más optimista de los aficionados. El Guadalajara, por su parte, también ha completado otra trayectoria impecable. Hasta aquí, dos hojas de servicios sin tacha para las exigencias presupuestarias. Sin embargo, paradójicamente, ni Lugo ni Guadalajara están salvados del descenso... de los despachos. Y de aquí a unas semanas habrá veredicto federativo para ambos, porque ambos tienen pendientes dos exámenes burocráticos importantísimos. El equipo alcarreño tiene sobre sus espaldas un expediente federativo, pendiente de la correspondiente sentencia judicial, por denuncia de la LFP, por supuestas irregularidades en la constitución de la Sociedad Anónima Deportiva hace un año. Es un asunto muy oscuro y sobre el que pesa un profundo pesimismo. Y aquí, a orillas del Miño, la consecución del capital mínimo que garantice la permanencia federativa, todavía está a ochocientos mil euros de distancia. Y solo quedan dos semanas de prórroga que finiquitan el día 14. La directiva trabaja a marchas forzadas con los industriales de la ciudad, donde la hostelería es la principal beneficiaria. Dejar pasar esta oportunidad sería imperdonable. Porque este tren carece de fecha de vuelta. Ya sé que la crisis nos devora, pero la Segunda es un regalo del cielo. Y el tiempo ya está casi agotado.