Una de las principales virtudes del Lugo durante toda la temporada ha sido su capacidad para no sentirse inferior a ningún equipo. Apenas algún rival se ha mostrado sustancialmente superior a los rojiblancos. Incluso en partidos con marcador contundente como en Soria (3-0), los lucenses fueron competitivos. El Girona, la mayor revelación de la categoría, dominó la pelota desde el comienzo. Apenas trenzaba el Lugo. En dos jugadas prácticamente consecutivas, los gerundenses anotaron dos goles aprovechando los principales debes defensivos: los balones aéreos y las jugadas a balón parado. El Girona presionó muy arriba y Tena y Pavón tuvieron dificultades para sacar la pelota jugada. Dos tantos en un abrir y cerrar de ojos, una situación contundente en la cuantitativo y abrumadora en lo psicológico. A partir de ahí, se vio al mejor Lugo, que incluso pudo limar diferencias. Los de Setién combinaron en mediocampo y cercaban el área rival. Los laterales, eso sí, no desdoblan ni llegaban a línea de fondo. Belfortti volvió a dar una lección de sangre fría, aunque en ocasiones ralentiza en exceso el juego. Tras el descanso, otros dos tantos con insultante rapidez. Ahora, a pensar en el Villarreal con la misma personalidad de siempre, la confianza de la situación en la tabla, pero a competir al máximo porque, como dijo Lolo Pavón hace diez días, «todo se puede complicar». El sábado, el visitante probablemente más afamado de toda la temporada. Ese en el que la mayoría pensó una vez aplicado el derecho a soñar.