El Lugo juega frente al Girona, segundo clasificado e inquilino momentáneo de una plaza de ascenso a Primera. El último censo del 2012 situaba la población de Girona en 97.198 habitantes, una cifra muy próxima a los cien mil que acaricia Lugo. Estoy seguro que en la capital catalana todos sus habitantes, seguidores o no, sueñan con dar el salto a la Liga BBVA. Nadie se plantea lo contrario. Pero las 9.500 plazas de Montilivi lo harían imposible, entre otras cosas. Cuando la militancia en la élite se hace consustancial momentáneamente con una ciudad, todas las fuerzas vivas del contorno se concitan para arrimar el hombro y aportar su grano de arena. No hay corsés en el horizonte, ni límites para el crecimiento. Se trata de aprovechar las ocasiones.
De ahí, que el partido de esta tarde sea esperado por la afición lucense desde un plano de interés máximo, pero existe una dualidad en la actualidad que supera al desafío en Montilivi: la supervivencia del club como SAD. Cubrir los más de tres millones del accionariado con fecha de caducidad 30 de junio se ha convertido en una obsesión de un pueblo y su afición, con la directiva a la cabeza. De ahí las múltiples gestiones en marcha. La primera de ellas y por orden de importancia reside en ese órdago lanzado a los dos máximos organismos públicos locales. El Concello y la Diputación tienen en sus manos parte de las ayudas para cumplir ese reto. Ya sé que el momento económico es el más inoportuno de, pero la historia exige sacrificio e imaginación para que la marca C. D. Lugo cotice al alza y no se diluya como un azucarillo. La responsabilidad de nuestros políticos es máxima y no pueden dar la espalda a este proyecto tan inmediato y exigente. Por una simple y elemental razón: los beneficios para la ciudad están valorados en tres millones de euros anuales. ¿Hay quién dé más? ¿Se puede desaprovechar semejante oportunidad?