Visto el exiguo bagaje viajero del Lugo -solo tres empates a domicilio-, hay que convenir que cada partido en casa se convierte en una inevitable final. De esta forma, la trascendencia de los encuentros del Anxo Carro tienen una dimensión mucho mayor, donde el equipo lucense se juega sus verdaderas posibilidades de salvación. Ahora mismo, solo dos puntos separan a los rojiblancos de la zona de descenso, ocupada por el Huesca con 11 puntos, decimonoveno, y empatado con el Racing de Santander, que le precede. Al borde del abismo, pues.
Para evitar la caída al pozo, por primera vez esta temporada, el Lugo tiene nada más ni nada menos que el desafío de doblegar a un líder intratable, el Elche. Si el Anxo Carro ha de ser un fortín para impedirlo, tienen que concitarse una serie de factores favorables inevitables: el acierto y la fortuna. O sea, una actuación completa del equipo lucense en todos los conceptos actuales del fútbol. Pero, sobre todo, la inspiración en las dos áreas, donde hay que minimizar los fallos individuales y colectivos al máximo. Por eso, la concentración ha de serlo también. Es la única fórmula para poder superar a un rival, obviamente, superior. Para igualarle en posibilidades de triunfo, solo queda esa fórmula de la concentración y el derroche físico en presión y coraje. Calidad hay la suficiente para que nuestros «jugones» se pongan las pilas, y los demás aporten su cuota de participación suficiente. Hay que ser un bloque y dominar el centro del campo, donde se fraguan las victorias. Setién ha de encontrar el equilibrio en sus hombres, entre la ambición de ganar y la de guardar la ropa para evitar los contragolpes. Finalmente, la afición tiene una cita inevitable con su decisiva intervención de apoyo constante. Mientras el Lugo no incremente sus prestaciones a domicilio, contará con el calvario de ganar todo lo de casa. Y ese peaje hay que evitarlo.