Las carencias se pagan en el fútbol, un deporte que no tiene padrinos, salvo aquéllos nombrados por el dedo caprichoso de los que lo mal gobiernan. El Lugo volvió a pagar la doble factura de su escasísima puntería cara al gol, y la indolencia de varios de sus jugadores, incapaces de ganar las segundas jugadas. Y esa falta de garra fue su ruina ayer, al mismo tiempo que les faltó a sus hombres de atrás la diligencia exigida para sacar el balón de las zonas comprometidas. Si la presión pepinera en la salida de los centrales lucenses apenas flojeó, la defensa adelantada de los madrileños obligó al Lugo a jugar en largo, en busca de Belencoso (su jugador más completo ayer, por su singular y decisiva participación ofensiva, y su ímprobo y plausible trabajo de desgaste en una labor descomunal como pocas). Pero este sacrificio lo pagó el Lugo, al quedarse sin la referencia arriba, porque el ariete jugó demasiado lejos del área, aunque suyos fueron los mejores remates y el gol. El Lugo, mientras le respondieron las fuerzas, tuvo, además, en el joven Iago, otro puñal para la banda izquierda. Pero, claro, acabó agotado. Y la endeblez de la zaga visitante apenas fue explotada por los rojiblancos, demasiado replegados buena parte del encuentro, que acabaron traicionando sus principios para concluir jugando al contraataque y frenados, además, por el fútbol raquítico de Rubén García. Setién tardó demasiado tiempo en sustituirlo, y eso lo agradeció el Leganés, para concluir recurriendo a toda clase de artimañas antideportivas en forma de pérdidas de tiempo. La aquiescencia del cántabro Fuente Martín acabó desquiciando a público y jugadores locales. Pero la clave del empate estuvo, una vez más, en sendos mano a mano fallidos de Isma con el meta Falcón, el mejor jugador visitante. Y esos fallos, de momento, ya tienen trascendencia: el Tenerife ha desbancado al Lugo de la segunda plaza. Incluso un triunfo en Toledo el próximo domingo ya no le garantiza recuperar el puesto perdido. Mal augurio, salvo un giro de ciento ochenta grados, para encarar la promoción y no caer a las primeras de cambio.