Si algo está claro, es que la resurrección masiva de la afición lucense por el Lugo es incuestionable. En cualquier acto se refleja y demuestra esa adhesión insólita. En la asamblea del pasado jueves, se repitió la historia y se volvió a batir un récord de asistencia. Tal es el interés que ha despertado el equipo presidido por José Bouso, que uno cree que, a estas alturas, el propio presidente y su junta son prisioneros de la responsabilidad adquirida. Las previsiones más optimistas están desbordadas, y de ahí que el tsunami afición se haya erigido en un nuevo desafío para los propios dirigentes. Nadie se escapa a este nuevo reto para no defraudar las expectativas creadas. De ahí, que todos estén volcados en poner los cinco sentidos en mantener ese estatus. El primero es el director deportivo, Mouriz. Del acierto de su gestión en la confección de la nueva plantilla, conjugándola con los seiscientos mil euros presupuestados para la misma, depende en gran parte el éxito. Su idea de tener dos jugadores por puesto es un reto. Cómo conseguirlo forma parte de este galimatías. A favor, el nuevo estatus deportivo lucense, como equipo cumplidor de sus compromisos financieros. En contra, el corsé presupuestario dentro de la austeridad tradicional. Si algo está claro, es que hay que volcarse para que esta afición no vuelva a las catacumbas. Vivimos días de vino y rosas y esperemos que no se marchiten.