Después de tres temporadas en el Lugo, Rubén Arroyo dice adiós, con destino a Éibar. El interior zurdo madrileño firma por dos temporadas en un clásico del balompié nacional, con el que empieza hoy a entrenar. Reconoce que echará de menos la ciudad amurallada.
-El tiempo ha pasado rápido.
-Sí, hace nada estaba firmando en Lugo Me acuerdo como si fuera ahora. Me voy con mucha pena [se emociona].
-Se va de un equipo que ha dejado muy alto el listón.
-Sí, todos los jugadores. Va a ser muy difícil para todos repetir un juego así. Éramos un equipo que lo hacía muy bien.
-¿La última temporada ha sido la mejor?
-Sí. Lo último bueno que se hace es siempre con lo que te sueles quedar. Hicimos una gran temporada, y fue genial haber sido campeones de Liga.
-¿Cuál es su mejor recuerdo?
-El que me llevo de la gente, con el trato de la directiva, de la afición, siempre muy cariñosos conmigo.
-¿Por qué no se ha quedado?
-Le dije a mi agente que si iba a jugar en la Segunda B, mi primera opción era el Lugo. Ellos me dijeron que había que apretarse el cinturón, que tenía bajar un poco más mi ficha. Y yo no pedía el oro y el moro, sólo que me subieran un pelín más. He estado tres años, y quería que fuesen cuatro.
-¿Qué le seduce del Éibar?
-Ellos me han dado dos años. Es un clásico que quiere volver a la Segunda A, y hasta ahora ha jugado el play off. Aunque jugaremos en un grupo difícil.